Científicos creen haber encontrado la zona del cerebro de la generosidad

Cerebro y Neurociencias

Por Sophimania Redacción
14 de Diciembre de 2015 a las 22:20
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Científicos creen haber encontrado la zona del cerebro de la generosidad

Investigadores de las universidades de Pensilvania, Yale y Duke han descubierto que la amígdala, hasta ahora relacionada con el miedo, también tiene que ver con la generosidad.  El estudio fue publicado en PNAS.

“Intentamos identificar y comprender el mecanismo cerebral básico que nos permite ser amables con los demás y responder a las experiencias de otras personas”, explica Michael Platt, de la Universidad de Pensilvania. El equipo analizó el comportamiento social de los monos Rhesus. En el experimento, se entrenó durante un par de semanas a unos monos para reconocer formas de diferentes colores en una pantalla y se les daba una recompensa que podían quedarse para sí mismos, entregar a otro mono a su lado, repartir entre ambos o botarla.

Los investigadores observaron que por lo general, el mono prefiere premiar a otro en lugar de dejarlo sin nada, explica Platt. Además, es más probable que repartan sus premios con los monos que son más cercanos o subordinados a ellos.

Mientras sucedía esto, Platt y sus colegas registraron la actividad neuronal de la amígdala de cada animal. De esta forma, descubrieron que la amígdala refleja el valor de la recompensa del destinatario de la misma manera que refleja el valor de la recompensa para el que da. Los científicos podían predecir cuándo los monos darían recompensas a otros sobre la base de estas respuestas neuronales.

Cuando los monos recibieron oxitocina, (hormona relacionada con el amor y el apego) se volvieron más generosos. Pero, ¿ocurre lo mismo en los seres humanos? “Realmente no sabemos cómo funciona en la gente”, explica Platt. “Cuando las personas inhalan oxitocina, hay un cambio en el flujo sanguíneo a la amígdala, que creemos que podría estar involucrada en hacer a la gente más amable y receptiva a los demás”.

El investigador cree que su estudio puede ayudar a desarrollar posibles terapias que podrían mejorar la función de estos circuitos neuronales en aquellos con dificultades para conectar con los demás, como les ocurre a las personas con autismo, esquizofrenia o trastornos relacionados con la ansiedad.

 

FUENTE: ABC


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