El enfoque de género en las ciencias es necesario: Aquí por qué

Cerebro y Neurociencias

Por Alexandra Hernandez Muro
8 de Marzo de 2017 a las 09:01
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El enfoque de género en las ciencias es necesario: Aquí por qué
Foto: Internet

El mundo académico y científico se jacta de poseer una neutralidad y objetividad inherentes. Aparentemente, el conocimiento científico le permite a uno desprenderse de sus identidades y el peso histórico que tienen éstas sobre la construcción de nuestra personalidad y nuestra conducta.

Si bien trabajamos para quitarnos los sesgos con metodologías que aseguren un doble, y hasta triple chequeo, de nuestros resultados, el sesgo puede incluso estar insertado en la operacionalización de nuestras variables, nuestras hipótesis y elecciones de análisis estadísticos.

Con esto no quiero decir que uno jamás pueda ser objetivo, pero la objetividad tiene que partir desde el análisis del sujeto que hace ciencia, y no solamente del objeto del cual se habla (que en el caso de las ciencias que estudian al ser humano, es el ser humano mismo). Pero tomando como excusa el Día Internacional de la Mujer, analizamos algunos aspectos culturales que siguen influenciando en la vulneración a los derechos de las mujeres, como la categorización del género binario y el biologismo.

Hablamos de la categorización del género binario cuando decimos que las personas son “hombres” o “mujeres” y no reconocemos que existe diversidad de género y formas de expresión de género diferentes. Hablamos de determinismo biológico cuando nos empeñamos en creer que existe una división radical entre lo natural y lo cultural, y que la supuesta naturaleza es causa inherente e inamovible de todas las conductas humanas, sin tomar en cuenta el poder del aprendizaje, la sociedad y la cultura para moldearnos como seres humanos.

¿Por qué hay menos mujeres en ciencias?

Según la UNESCO, las mujeres constituyen solo el 28 % de los investigadores existentes en el mundo. En el Perú, solo 1 de 4 investigadores lo son. Las razones pueden ser varias, muchos afirman que las mujeres no están hechas para las ciencias, otros reconocen que a las mujeres no se las incluye o que la tienen más difícil, pero siguen sin cuestionar el status quo.

Las categorías de “sexo” y “género” colocan a las mujeres especialmente en situación de vulneración innecesaria. Cuando se nos pone en una categoría estática que tiene asociadas características, como los estereotipos de género y raza, se ejerce una prescripción sobre nuestra conducta contra el que muchas luchamos incansable y agotadoramente. Este estereotipo se activa no solo cuando nos dicen “mujer, solo sirves para cocinar” o cuando nos mandan a tener hijos, sino que también está oculto e impregnado en los mensajes sutiles de los medios de comunicación, en las divisiones innecesarias del trabajo y de los baños o cuando se nos impone una falda como parte del uniforme del colegio. Todas estas cosas nos recuerdan siempre qué lugar ocupamos dentro de este binario de género que solo nos puede ver en blanco y negro, y hombre o mujer.

Por ejemplo, en un estudio realizado el 2006 publicado en Journal of Experimental Social Psychology, se examinaron los efectos de la categoría “sexo” en las actitudes de las mujeres en relación a las artes y las matemáticas. Eligieron centrarse en las actitudes de las mujeres en estos dominios porque las mujeres siguen estando subrepresentadas en las matemáticas y las ciencias a nivel mundial. Estudios anteriores (en SAGE Journals y de la APA) revelan que las actitudes de las mujeres hacia las matemáticas y las ciencias son fundamentales para predecir la voluntad de las mujeres para seguir carreras en estos dominios.

Sus resultados revelaron que las mujeres a quienes se les recordaba su identidad femenina de manera previa, tuvieron más actitudes consistentes con el estereotipo de género, que aquellas que fueron tratadas de manera neutral. El estereotipo solo apareció cuando se les recordaba de manera sutil que eran mujeres a través de una encuesta previa donde se les preguntaban cosas relacionadas a estereotipos de género, como preguntas sobre pareja, sobre cómo se sentían, si vivían solas, etc. Esto quiere decir que exponer a las mujeres a los estereotipos de género influye en las actitudes que pueden tomar respecto de las actividades que se consideran, más o menos, “femeninas”.

Otro estudio publicado en American Journal of Sociology que analizó lo mismo, obtuvo resultados que muestran que los varones evalúan sus propias habilidades matemáticas como superiores a las de sus contrapartes femeninas, aunque en realidad la ejecución es la misma. Además, esto solo sucedía en matemática, una disciplina bastante más “generizada” (es decir, que hay considerablemente más hombres que mujeres en ella). Las creencias culturales sobre el género y la competencia de las tareas sesgan las percepciones que tienen los individuos de su propia capacidad para esa tarea. Y, como vimos en el estudio anterior, estas percepciones sobre nuestra capacidad pueden determinar la elección de la carrera.

¿Cerebros diferentes?

Este tipo de variables no se suele tomar en cuenta cuando se hacen estudios sobre el comportamiento de las mujeres. ¿Cuántos de estos estudios cuidan el impacto que puedan tener los estereotipos que se imprimen desde que marcamos en una casilla “hombre” o “mujer” y las ideas previas que desde la sociedad nos bombardean sobre lo que se espera de nosotros según los genitales que tenemos? Aunque no parezca, este es un gran sesgo que muchos científicos objetivos y neutrales no toman en cuenta, y que podría estar influyendo en esas pequeñas, pero “significativas” diferencias que les permiten hacer atractivo un estudio que les sirve de plataforma para salir en medios de comunicación. Muchos estudios que encuentran diferencias cerebrales entre hombres y mujeres son bastante más celebrados y promocionados en los medios, pero aquellos que encuentran que somos más similares de lo que creíamos nunca ven la luz hacia el público en general.

Hay científicos que sostienen que hay evidencias sustanciales de las diferencias de género en el cerebro y que esto indica que venimos al mundo predestinados a una funcionalidad distinta. Llama mucho la atención que algunos científicos y neurocientíficos de renombre (como Simon Baron Cohen o Steven Pinker) asuman a priori que las diferencias encontradas en cerebros de adultos implican una determinación innata. El cerebro de todas las especies, y en especial el de los mamíferos y el ser humano, es extremadamente plástico, por lo tanto, la socialización juega un papel fundamental en el desarrollo y transición hacia las distintas etapas evolutivas.

En este estudio publicado en PNAS, se encontró que la morfología de la corteza cerebral humana es sustancialmente menos heredable genéticamente que en chimpancés, y por lo tanto, es más sensible al moldeo por influencias ambientales. Para los científicos de este estudio, esta plasticidad particular en el ser humano está relacionada con los patrones de desarrollo y subyace a nuestra capacidad para la evolución cultural.

No solo eso, debido a la cantidad contradictoria de estudios que respaldan una y otra cosa en las ciencias (lo que evidencia la falta de consistencia en nuestras metodologías), un estudio de meta análisis, es decir, que analiza un conjunto bastante amplio de estudios similares para buscar conclusiones generales, publicado en PNAS, exploró las resonancias magnéticas de 1 400 cerebros y encontró que la mayoría de cerebros no se pueden agrupar en categorías binarias polarizadas como "hombre" o "mujer" sino que se encuentran ubicados dentro de un espectro. 

El sexo tampoco es estrictamente binario

Los defensores del biologismo consideran que debido a que el sexo tiene que ver con cromosomas XX o XY, es necesario y mandatorio dividir a la población en hombres y mujeres para hacer nuestros estudios, pero aquí también están un poco equivocados. La forma en que separamos a las personas en hombres y mujeres es bastante arbitraria y utiliza solo la medida de la apariencia de los genitales externos (pene o vulva) y no legitima la presencia de otras variables que la determinan, como las hormonas, los cromosomas, las gónadas y los genitales internos.

 Cuando un niño nace, no le hacen exámenes genéticos, hormonales ni una radiografía para conocer qué órganos y gónadas posee, por lo que nunca queda claro si hay una perfecta concordancia entre todos ellos. Las gónadas son los ovarios y los testículos y una concordancia “esperada” sería que los XY desarrollaran testículos y los XX ovarios.  

Esta concordancia se asume, y los índices de personas intersexuales (que no tienen un sexo biológico binario) no los conocemos a cabalidad. Sin embargo la intersexualidad muchas veces no es aparente desde los genitales externos. Muchas personas se enteran que son intersexuales en la adultez cuando no pueden tener hijos, o tienen condiciones asociadas que no necesariamente afectan su desarrollo psicosexual o por pura casualidad en un chequeo médico.

Intersexual es un término general que hace referencia a todas aquellas personas que nacen con un sistema reproductor y sexual que no se ajusta a las normas sociales binarias (macho – hembra) sino que tiene cromosomas, gónadas, hormonas y genitales internos y externos que no concuerdan con esa expectativa.

Entonces, hay que saber también que existen mujeres XY y hombres XX, que hay mujeres que tienen más testosterona que algunos hombres y eso no las vuelve trans o lesbianas, pero que también existen algunas personas trans o lesbianas que sí podrían tener más testosterona que un hombre. Hay un sinnúmero de posibilidades rodeando nuestra expresión de la sexualidad y la ciencia tiene que empezar a incluir estas variables a su estudio porque si no estamos limitando la información que podemos conocer.

Lo que sabemos hasta ahora es que las diferencias de género se imprimen a los niños incluso desde antes de que nazcan, debido a las expectativas que se tienen sobre su conducta con solo saber el sexo genital. También sabemos que ni la orientación sexual, ni la identidad de género ni la sexualidad biológica dependen solo de la genética o la biología, sino que están determinadas por un cóctel único e individual de influencias genéticas, hormonales, culturales y del aprendizaje. La conducta humana es compleja y sería ridículo pensar que podría estar determinada por una sola variable, cuando la realidad es que en una misma persona confluyen de manera paralela (y ninguna más importante que la otra) influencias que vienen desde la biología y del aprendizaje y la cultura. A esto nos referimos cuando decimos que el sexo es construido.

Insertar el enfoque de género en la ciencia nos permite quitarnos la venda de la historia que siempre ha estado impregnada de un sexismo implícito y explícito y que nos ha hecho creer que realmente hay una inclinación biológica e innata de los hombres hacia las ciencias y que predispone a las mujeres al trabajo doméstico, la maternidad y las letras.

Un curioso estudio publicado en la APA que analizó las capacidades de empatía en hombres y mujeres, encontró que las diferencias sexuales en la empatía estaban determinadas por los métodos usados para evaluar la empatía. Hubo una gran diferencia a favor de las mujeres cuando se les preguntaba si eran empáticas con instrumentos de autoreporte (o sea, preguntas sobre si eran empáticas o no), se encontraron diferencias moderadas cuando se analizaba su reacción ante el llanto y las medidas de auto-reporte en situaciones de laboratorio, pero no se observaron diferencias cuando la medida de la empatía era observaciones fisiológicas o discretas de las reacciones no verbales al estado emocional de otra persona. En otras palabras, las diferencias se desvanecían conforme era menos obvio que lo que estaban midiendo era empatía. Cabe preguntarse, entonces, si acaso el estereotipo de género de que las mujeres son más empáticas y emocionales jugó también un papel en este estudio.

Muchos científicos olvidan que ellos también se han construido y han construido su mundo en base a un sinfín de identidades que interactúan sobre ellos mismos. Algunas de estas identidades están asociadas a estereotipos que, como hemos visto, son muy complicados y casi imposibles de remover. Pensamos que andamos libres de sesgo, pero la verdad es que los privilegios y opresiones que vivimos influyen en nuestros intereses y en nuestra conducta.

Lo mejor para evitar sesgarnos hacia un lado, es darle la oportunidad a la diversidad de ingresar en el campo académico. Más mujeres, más personas LGBTI y más personas de diversidad étnica deben apropiarse de las aulas, los laboratorios y las universidades, para asegurar que en la ciencia también estemos representados todos. No basta con querer ser objetivo, necesitamos fiscalizarnos los unos a los otros y reconocer la historia sexista, racista y clasista de nuestras ciencias. No somos agentes independientes del cambio social, somos protagonistas por el poder que nos da el conocimiento.


*Alexandra es Licenciada en Psicología y está desarrollando su tesis para obtener el grado de Magíster por la Universidad Peruana Cayetano Heredia en Neuropsicología. Es docente, feminista y activista por los derechos LGBTI, y Sophimaniaca y divulgadora científica de corazón.


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