El gusto está en el cerebro, no en la lengua

Cerebro y Neurociencias

Por Sophimania Redacción
19 de Noviembre de 2015 a las 15:16
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El gusto está en el cerebro, no en la lengua

Un grupo de investigadores del Columbia University Medical Center, ha publicado un artículo en la revista Nature en el que demuestran que se puede provocar que un ratón perciba que el agua es dulce o amarga solo con modificar un grupo de neuronas del cerebro.

 

“Es posible recrear la percepción de sabor de un animal, y la representación interna de los sabores dulce y amargo, manipulando directamente el cerebro”, ha explicado Charles S. Zuker, director del estudio e investigador del Howard Hughes Mecical Institute. Esto, dicho de otra forma, significa que la lengua puede tener receptores para captar el sabor amargo y dulce, pero es en el cerebro donde esas señales adquieren sentido.

 

El equipo de Zuker ha probado que cada grupo de receptores del sabor en la lengua envía una señal específica al cerebro, y que hay un grupo de neuronas que se dedican exclusivamente a cada sabor y que se encuentran en distintas zonas de la corteza cerebral. De hecho, ha sido posible incluso elaborar un mapa de sabores en el cerebro. Pero ahora, se ha dado un paso más: se quiso comprobar si hay regiones específicas en el cerebro que activan la sensación de amargo y dulce. Esto es exactamente lo que los investigadores han encontrado.

 

 

Columbia Medical

 

 

Cuando los científicos inyectaron una sustancia para silenciar las neuronas para el sabor dulce, los ratones dejaron de percibir este sabor, pero seguían percibiendo el amargor. Para ello, recurrieron a la optogenética, una técnica que permite modificar el cerebro de animales de experimentación para que neuronas concretas respondan a la luz de un láser y se puedan activar o desactivar a voluntad.

 

Incluso entre los animales que nunca habían percibido ninguno de esos sabores antes, observaron estas respuestas activando y desactivando neuronas concretas.

 

Mientras los investigadores siguen estudiando cómo estas neuronas del sabor se relacionan con otras y regulan comportamientos, Zucker destaca que en humanos el gusto también es innato y programad o, cosa probada en el rechazo de los bebés a lo amargo y en su gusto por lo dulce. “Pero, a diferencia de la mayoría de los animales, podemos aprender a que nos guste lo amargo o a que no nos guste lo dulce”, conclue el investigador.

 

 

FUENTE: ABC


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