Estudio: Somos capaces de dañar a otros si nos lo exige una autoridad

Cerebro y Neurociencias

Por Sophimania Redacción
15 de Marzo de 2017 a las 08:39
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Estudio: Somos capaces de dañar a otros si nos lo exige una autoridad
Imagen: Internet

Hace 50 años se dirigió una investigación llevada a cabo por Stanley Milgram, un psicólogo social, que pidió a los participantes del estudio enviar descargas eléctricas dolorosas a otras personas. El dolor no era real, pero la gente en el estudio no lo sabía.

Milgram encontró que los participantes del estudio estaban dispuestos a enviar los shocks, siempre y cuando una figura de autoridad les pidiera que lo hicieran. Este experimento fue considerado un punto de inflexión en la psicología social y en la ciencia de la obediencia.

En un nuevo estudio publicado en Social Psychological and Personality Science y realizado en Polonia, un grupo de investigadores quería ver si la premisa seguía funcionando en nuestra época. "Al enterarse de los experimentos de Milgram, una gran mayoría de personas afirman que nunca se comportarían de esa manera", dijo el coautor del estudio, Tomasz Grzyb, psicólogo social de la Universidad de Ciencias Sociales y Humanidades de SWPS en Polonia.

En el nuevo estudio, los investigadores observaron que los experimentos de Milgram nunca se habían realizado en países del centro de Europa, que fueron parte de la Unión Soviética. Los líderes de la región colocaron a la gente bajo el gobierno comunista y exigieron "estricta obediencia a la autoridad", lo que hace de la región un buen lugar para poner a prueba esa obediencia, escribieron los investigadores en el estudio.

En el estudio, los investigadores diseñaron un experimento que era similar a los experimentos originales de Milgram. Ellos reclutaron a 40 hombres y 40 mujeres, que no estaban familiarizados con el experimento original. A los participantes se les dijo que el experimento se centraba en "el impacto de los castigos en el aprendizaje y los procesos de memoria".

En el experimento, cada persona fue emparejada con un actor y se le pidió que les hicieran memorizar una lista de sílabas, pero cada tanto el actor se equivocaba. El trabajo del alumno era memorizar ciertas asociaciones entre sílabas: Se le daba a la maestra sílabas para leer, y el alumno debía responder a cada sílaba dando una respuesta específica. Cada participante pudo elegir el rol de maestro o de estudiante. También se les dijo que podían detener el experimento en cualquier momento, y que se les pagaría por su tiempo igual.

El experimento tuvo lugar en dos salas vecinas. En uno, el aprendiz / actor se conectó a los electrodos, para dar al participante del estudio la impresión de que el estudiante se iba a recibir un shock. En la otra sala, el participante (que pensaba que estaba asumiendo el papel de "maestro") recibió palancas para controlar y se le dijo que las palancas determinaban la intensidad del choque que recibiría el "alumno".

Se les dijo a los “maestros” que administraran un shock al estudiante siempre que el alumno cometiera un error. Para dar la impresión de dolor, se grabaron gritos desde antes y según el grado de electricidad se les iba poniendo para que el participante pensara que el “alumno” estaba sufriendo.

A medida que avanzaba el experimento, se le dijo al profesor que aumentara la intensidad de los choques con cada error que el "aprendiz" tuviera. Los gritos también se intensificaron, pero si el maestro parecía dudar, el experimentador le decía que continúe, que es importante que lo haga y que no tenía elección (a pesar de que se le dijo que podía terminar cuando quisiera con el experimento).

Los investigadores descubrieron que el 90 % de los participantes estaban dispuestos a presionar la palanca más fuerte durante el experimento. "Es excepcionalmente interesante que, a pesar de los muchos años que han pasado desde los experimentos originales de Milgram, la proporción de personas que se someten a la autoridad del experimentador sigue siendo muy alta", escribieron los investigadores.

Sin embargo, los investigadores también observaron que cuando la persona que recibía el shock era una mujer, los participantes eran tres veces más propensos a negarse a obedecer. Sin embargo, debido a que el tamaño de la muestra era pequeño, los investigadores no pueden afirmar que el hallazgo sea estadísticamente significativo o debido al azar.

Luego del experimento, los participantes pasaron tiempo con un psicólogo clínico para ser informados de los detalles del procedimiento, se disculparon por haber sido engañados al inicio y recibieron una explicación de por qué se hizo de esa manera.

 

FUENTE: LiveScience


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