Una mirada a la ciencia de lo bisexual

Cerebro y Neurociencias

Por Alexandra Hernandez Muro
23 de Septiembre de 2020 a las 13:49
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Una mirada a la ciencia de lo bisexual
Actualmente se define la bisexualidad como la capacidad de sentir atracción por el mismo género y por otros

¿Qué es ser bisexual? Se suele decir que la bisexualidad es la atracción por hombres y mujeres, sin embargo, y con el entendimiento más contemporáneo sobre el género como un espectro donde no solo existen hombres y mujeres, sino también personas que salen de este binario, la definición de bisexualidad ha variado muchísimo.

El término aparece en 1824 para hacer referencia a lo que ahora conocemos como intersexualidad (nacer con características sexuales -biológicas- femeninas y masculinas), pero luego fue reapropiado por el neurólogo Charles Gilbert Chaddock en 1892 para referirse a la atracción por hombres y mujeres, como algo patológico o perverso.

Avanzando y adentrándonos al siglo XX, el feminismo, el activismo LGBTQ+ y los estudios de género empiezan a cuestionar la patologización de estas identidades y el binarismo de género. Es así que en 1990, el manifiesto bisexual (sí, hace 30 años), reconoce que no existen solo dos géneros y que la bisexualidad no es binaria. Debido a ello, actualmente se define la bisexualidad como la capacidad de sentir atracción por el mismo género y por otros. Otra definición, que particularmente me gusta mucho, es que la bisexualidad es la atracción por más de un género. 

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Manifiesto Bisexual

Con esa definición entendemos que la bisexualidad es un espectro en el que pueden encajar muchas formas de sentir atracción. La pansexualidad (atracción sin importar el género), la polisexualidad (atracción por varios géneros, no necesariamente por todos), omnisexualidad (atracción por todos los géneros) y la fluidez son otras denominaciones que encajan dentro de este espectro, pero que no dejan de caer dentro de lo que conocemos como bisexualidad.

En última instancia, cada persona es libre de identificarse como quiera y de sentirse dentro -o no- de la comunidad bisexual o bi+, porque para cada persona la etiqueta que usa tiene un significado. 

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Banderas bisexual y pansexual

La bisexualidad: invisible para la ciencia e incómoda en los grupos LGTBQ+

La bisexualidad, esta capacidad maravillosa de sentir atracción sexual y afectiva por personas de tu mismo género, otros géneros o por más de un género, pone en problemas a activistas LGBTQ+ como a científicos y académicos de la sexualidad y el comportamiento.

Desde afuera, cuando leemos “colectivo LGBTIQ+” asumimos que se trata de un colectivo de personas sexual o género-diversas, sin embargo, tanto la comunidad trans como las personas bisexuales suelen estar subrepresentadas.

En el caso de personas bisexuales, la discriminación que sufren de parte de sus pares gays y lesbianas hace que muchas personas bisexuales no se sientan seguras de ser visibles incluso dentro de esta comunidad. Tampoco solemos aparecer en los discursos sobre derechos humanos de muchxs activistas y feministas que están en la palestra y que nos hablan sobre diversidad, porque una sexualidad fluida complica las políticas de identidad.

En el campo científico no nos va mejor. Esta orientación sexual, históricamente ignorada, no aparece reconocida en la mayoría de estudios científicos que nos hablan sobre la biología de la orientación sexual.

Sin embargo, conforme pasa el tiempo y la invisibilidad nos pesa, personas bisexuales utilizan su voz para recordar que más allá de las etiquetas, nuestras experiencias tienen cabida para desmantelar un mundo construido a partir de la polaridad y de las categorías hombre-mujer, hetero-gay.

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Invisibilidad bisexual en la comunidad LGBTQ+

Lo que la ciencia y la academia no reportan

La bisexualidad presenta un problema cuando se habla de homosexualidad y heterosexualidad, porque cuestiona esta división arbitraria entre hetero y gay, donde se asume que estos dos grupos tienen conductas, formas de amar y hasta prácticas sexuales supuestamente contrarias.

Muchos estudios científicos se han centrado en encontrar las diferencias entre héteros y gays, y describir las conductas de ambos grupos, sin tomar en cuenta que hay muchas personas –bisexuales- que tienen conductas y atracciones que no se limitan a un solo género sino a más de uno a la vez, y que ser de esta manera implica tener una vivencia completamente distinta de una vivencia homosexual.

Y tiene sentido que en los estudios científicos no se incluya la variable orientación sexual como un espectro, sino como un binario, ya que la fluidez y dinamismo de la bisexualidad complica el análisis de resultados, lo que impide hacer inferencias sobre un grupo tan heterogéneo. La bisexualidad cuestiona lo que hasta hace poco creíamos saber sobre homosexualidad y heterosexualidad. Esto sucede en estudios con perspectiva médica, neurocientífica o psicológica, e incluso en las ciencias sociales.

Además, es común que tanto académicxs y científicxs -así como activistas- consideren que la bisexualidad se comporta de manera distinta según el género, o que la bisexualidad es más frecuente en mujeres y menos en hombres. Pero muchas de estas ideas son preconcepciones prejuiciosas sobre la bisexualidad. De hecho, recientemente se publicó un estudio que concluye que sí existe la bisexualidad en hombres; algo que otros estudios habían desestimado por entender la sexualidad de los varones como algo más estático e inflexible que la sexualidad de las mujeres bisexuales.

Resulta paradójico que justamente en el caso de la bisexualidad se requiera estudios y no la propia autoidentificación, o la propia experiencia para reafirmar una realidad.

Invisibilidad bisexual, mitos y salud mental

Existe la falsa creencia de que ser bisexual es menos complicado socialmente que ser gay o lesbiana. Muchas personas homosexuales salen del closet diciendo que son bisexuales porque consideran que es más sencillo o que van a sufrir menos discriminación. Sin embargo, la data nos dice lo contrario.

Algunos estudios en los últimos años ya han identificado que las personas bisexuales tienen mayores problemas de salud mental que gays y lesbianas, especialmente en índices de ansiedad, consumo de sustancias y riesgo de suicidio. ¿Por qué? El estudio australiano Who I Am, publicado el 2019, encontró algunas razones. Entre las más comunes: la bifobia internalizada (prejuicios personales contra la propia bisexualidad) y estar en una relación heterosexual con una pareja que no apoya la visibilidad bisexual.

El estudio encuentra que la repetida necesidad de salir del closet, explicar la propia orientación sexual y la invisibilidad pasan factura a las personas bisexuales. Además, es importante resaltar, que el estudio encontró que tener una red de apoyo LGBTIQ+ no redujo los niveles de bifobia internalizada ni de infelicidad, como sí suele ocurrir con personas gays y lesbianas.

Esta problemática -la invisibilidad y los prejuicios- impiden que personas bisexuales tengan la atención adecuada en servicios de salud mental, donde muchas y muchos profesionales (incluso aquellos con buenas intenciones) fallan en entender que la bisexualidad no es una etapa, sino una orientación sexual válida.

Muchos de los mitos sobre la bisexualidad giran en torno a las cantidad y calidad de los vínculos afectivos. La idea de que no podemos ser monógamos o que somos promiscuos e infieles ronda en la cabeza de muchas personas monosexuales (que solo sienten atracción por un género – homosexuales y heterosexuales) cuando se nos aproximan o enamoran de nosotros.

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Binarismo y bisexualidad

Desmitificar a Kinsey y los porcentajes sobre la bisexualidad

Los estudios exploratorios de Kinsey que se publicaron en 1948 y 1953 revelan que la conducta sexual no es ni heterosexual ni homosexual. Este informe brinda uno de los más tempranos ejemplos documentados de que muchas personas tienen prácticas fuera de la hetero/homosexualidad.  

Se suele utilizar a Kinsey como un pionero del estudio de la bisexualidad. Sin embargo, hay muchos problemas con el estudio, que, lejos de hacerlo descartable, más bien nos sirven para cuestionar lo que entendemos hoy por bisexualidad.

Primeroel estudio de Kinsey no es un estudio que tiene rigurosidad metodológica, por lo tanto, no sirve para poder generalizar sus resultados a la población general. Muchos estudios exploratorios siguen una metodología para reclutar participantes que no sigue las lógicas de la aleatoriedad, sino que tienen muestreos más circunstanciales; lo cual brinda información únicamente sobre la muestra estudiada, más no sobre la población de la que se desprende.

Segundola bisexualidad no es cuestión de porcentajes. Sin embargo, debido a la influencia que tiene aún la escala de Kinsey, incluso hoy se nos sigue preguntando el porcentaje en que nos gustan hombre o mujeres .Y ese es un problema porque Kinsey indica que la “real bisexualidad” es la de aquellas personas que sienten 50/50 atracción por hombres y mujeres. Además, Kinsey tampoco reconocía el género como un espectro, sino como el tradicional esquema binario hombre-mujer, cuando ya hemos visto que las personas bisexuales pueden sentir atracción por personas que se identifican con géneros no binarios.

Tercero, la conducta sexual puede ser distinta a la orientación sexual. Las personas tenemos conductas sexuales que pueden ser contrarias a nuestra orientación sexual por muchas razones: estar en el closet, miedo a sufrir discriminación, violencia sexual; o por decisiones como el celibato o el trabajo sexual. De hecho, el estudio de Kinsey es en ese sentido tan anacrónico que consideró situaciones de violencia sexual como si fueran sexo consentido entre dos adultos.

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Escala de Kinsey - porcentajes

Además, no necesariamente lo que hacemos como conducta revela nuestra orientación sexual- que es la atracción o la capacidad de sentir atracción por las personas según su género o su expresión de género*. Hay muchas personas homosexuales que tienen conducta heterosexual por miedo a la discriminación, lo mismo ocurre con personas heterosexuales que tienen conductas homosexuales sin serlo. Esto no las hace automáticamente bisexuales, la bisexualidad es sentir genuina atracción por hombres, mujeres y otros géneros, más allá de la conducta sexual. No siempre hacemos lo que sentimos.

La bisexualidad es revolucionaria

La fluidez en la sexualidad desafía la idea de que el sexo y el género son cosas inamovibles o dicotómicas, y como explica Michael Amherst en su libro Las intermitencias del Deseo, “si la atracción sexual […] se revela variada y múltiple para muchos de nosotros -cuando no todos- entonces las presunciones patriarcales y heteronormativas sobre la homosexualidad como forma de otredad quedarán en tela de juicio”.

Esto quiere decir que la homosexualidad como ese “otro” constitutivo de la heterosexualidad (o sea, si no soy homosexual entonces me afirmo como heterosexual) se desmorona a través de la existencia bisexual.

Si no existiera la bisexualidad, sería muy sencillo dividir al mundo entre heterosexuales y homosexuales y ubicar a la homosexualidad y a las disidencias en los márgenes, como una forma de poder desde la construcción hegemónica de la masculinidad tradicional que permite a los hombres heterosexuales y cis señalar a los demás como “ese otro que no soy yo - por si acaso”.

Pero lo aceptes o no, ese otro también eres tú, y somos todxs.

FUENTES:

Estudio Who I Am

Informe Kinsey

Los costos de la invisibilidad bisexual (Harvard Medical School)

Prejuicios en la atención de adolescentes bisexuales mujeres

Invisibilidad bisexual masculina

Los hombres bisexuales sí existen

Por qué importa la bisexualidad

Políticas de identidad bisexual

Doble discriminación


Alex Hernández es psicóloga, tiene estudios de género y una maestría en neuropsicología. Es activista bisexual y actualmente es Coordinadora de Investigación y Directora de la organización Más Igualdad Perú.


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