Los medios y la ciencia: Cuidado con los supuestos “estudios científicos”

Cerebro y Neurociencias

Por Alexandra Hernandez Muro
25 de Octubre de 2016 a las 23:22
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Los medios y la ciencia: Cuidado con los supuestos “estudios científicos”
Foto: Internet

Todos los días nos enteramos de cosas nuevas supuestamente relacionadas con la ciencia: “las mujeres que son más inteligentes beben más alcohol”, “la ciencia revela que no puede haber amistad sin atracción”, “las mujeres prefieren hombres que saben cocinar”, “las personas inteligentes escuchan rock”.

Este tipo de noticias con títulos llamativos y, a veces, controversiales, captan nuestra atención de manera inmediata porque claro, ¿quién no quiere informarse y saber sobre las últimas teorías científicas que intentan explicar nuestro comportamiento? Sin embargo, entender el método científico y poder reconocer los verdaderos objetivos y conclusiones detrás de un estudio, requiere más que sentido común. Es más, requiere poder dejar de lado nuestro sentido común y entender los procesos y sistemas que subyacen a nuestra conducta, y la forma en que nos relacionamos con el mundo desde una perspectiva científica. 

Los medios de comunicación tienen el importante objetivo de informarnos, educarnos o entretenernos, pero así como tenemos medios serios y fuentes confiables que difunden contenido científico, hay medios que utilizan la información científica, tergiversándola solo para generar debates y controversia. Algunos por ignorancia o intencionalmente, malinterpretan los resultados de las investigaciones o le dan crédito a estudios mal ejecutados.  

La ciencia del consumismo

Existe una creciente presión hacia los investigadores por publicar “estudios novedosos”, lo que en muchos casos genera la publicación de estudios con metodología dudosa, muestras pequeñas sin posibilidad de generalización y asociaciones que se interpretan como relaciones causales.

 Un estudio publicado por científicos de la Universidad de California, en Merced, Estados Unidos, desarrolló un modelo para simular qué pasa cuando se le presiona con recompensas a los científicos para publicar estudios. El resultado encontró que, con el tiempo, el esfuerzo que hacían los investigadores se redujo a su valor mínimo, y la tasa de falsos descubrimientos se disparó.

La mayor parte de medios de comunicación - no especializados en ciencia - simplemente replican estos estudios sin hacer un procesamiento crítico de los resultados obtenidos. Por eso es muy importante que los redactores y periodistas que publican artículos sobre ciencia reciban algún tipo de capacitación sobre metodología científica, para poder tener una apreciación crítica de las conclusiones a las que llegan los científicos. 

Lo triste es que muchos medios utilizan estos estudios científicos con información sesgada como relleno o entretenimiento. Y, aunque es más común verlo en plataformas escritas o en redes sociales, también se replican en los medios masivos como la televisión: no olvidemos que hace unos meses, al llegar la sonda espacial Juno a Júpiter, unos periodistas peruanos pensaron que esta sonda era tripulada, es decir, que viajaban en ella humanos. Incluso, por unos minutos, en vivo, hablaron de cómo estos astronautas habían pasado 5 años encerrados en la sonda durante el viaje. Es el problema de no tener una cultura científica mínima de base y de replicar o consumir informaciones poco rigurosas.

 Asociación versus causalidad

Otro de los grandes errores que comenten los periodistas al hablar de ciencia es asumir que toda asociación estadística implica causalidad. Y aunque muchos estudios se vanaglorian de haber encontrado una significancia estadística en sus resultados, esta podría ser tan pequeña que no tiene relevancia en la realidad, como los estudios que encuentran diferencias de género y son cubiertos por los medios, en contraposición con los estudios donde no se encuentran diferencias de género pero jamás tienen la atención de los medios, por mencionar un ejemplo (Cordelia Fine cita cientos de estudios en su libro Delusions of Gender).

Lo malo es que estos estudios, con el tiempo, corren el riesgo de volverse una suerte de saber popular y terminan afectando la manera en que nos relacionamos o pensamos sobre la gente, y acerca de la ciencia y su utilidad. Por ejemplo, muchos medios publicaron un “estudio” que concluía que las personas inteligentes escuchaban música rock. Sin embargo, se olvidaron mencionar que este no fue un estudio, sino un gráfico que cruzaba el rendimiento académico con la música publicada en las redes sociales de 2000 alumnos alrededor del mundo; no tenía una metodología científica, no usaba una muestra al azar y tampoco controló otras variables. Además, fue realizado por un programador, no por un psicólogo, neurocientífico o experto en conducta. Sin embargo, muchos medios incluso afirmaron que la música rock, por sus “letras abstractas” influenciaba el pensamiento lógico, por lo tanto afectaba el coeficiente intelectual.

Lo cierto es que, primero, ese gráfico no evaluaba inteligencia, sino rendimiento académico. Y casi ningún medio se molestó en señalarlo. Segundo, encontró que las personas con notas excelentes no escuchaban rock, sino música clásica. Y tercero, el género “rock” englobaba muchos tipos de rock, desde el progresivo, hasta el pop. ¿Ahora no suena tan científico ese estudio, no?

 Otro ejemplo de este tipo de errores es un estudio que encontró que las mujeres solteras o divorciadas tenían mejor salud que las casadas. Aunque la data mostró resultados significativos, este comportamiento indica que hay un mecanismo que subyace a que esto se dé en su mayoría en mujeres y no en hombres. Las expectativas para encontrar pareja son impuestas con mayor énfasis en las mujeres, lo mismo sucede con el atractivo físico, por lo que es lógico que una mujer que no tiene pareja cuide su físico y su salud porque la sociedad "le exige" estos estándares para conseguir pareja. Sin embargo, ni los científicos que realizaron este estudio, y mucho menos los medios que lo cubrieron, desarrollaron estas ideas. Es así como la ciencia puede quedar bastante limitada al explicar comportamientos sociales complejos, y es así como una gran mayoría de medios reproducen errores o falsas concepciones o conclusiones.

Lo único que nos puede informar seriamente sobre relaciones causales es un estudio experimental, los estudios descriptivos o correlacionales solo nos pueden señalar asociaciones, y ya que no controlamos todas las variables que pueden intervenir. Decir que una cosa es causa de otra cuando lo único que sabemos es que ocurren al mismo tiempo, invisibiliza las reales causas de ambos fenómenos, sesgando nuestra perspectiva.

Un estudio experimental es una investigación donde se controla el medio y se introduce una variable (un fármaco, un tratamiento o cualquier estímulo) y se miden las consecuencias de este en los sujetos. 

Publicaciones y publicaciones

Tenemos que tener cuidado con lo que llamamos “estudio”. Aquí y aquí, por ejemplo, esta revista llama “estudio” a información que no lo es. Cuando nos encontremos con publicaciones así, revisemos si han citado el artículo original y si esa revista citada es una revista seria, donde se publican artículos revisados por pares (es decir, otros científicos reputados que cumplen con requisitos de calidad). Hay que tener cuidado con las fuentes que usamos, compartimos o reproducimos, porque muchas veces citan investigaciones hechas por no científicos o “científicos” que tienen conflictos de intereses, como en el conocido caso de la industria del azúcar que publicamos hace unas semanas.

Estudios con poquísima muestra no significativa (el muestreo depende de la población general, se usan fórmulas y procedimientos estandarizados), que no ha sido elegida al azar y que no controla las variables extrañas que puedan influir en los resultados, o que presentan sesgos, son de dudar. Además, saber un poco de estadística ayudaría a reconocer si los resultados presentados son realmente significativos o no, y si son generalizables o no.

En el caso de la medicina y la psicología, muchos de los estudios carecen de replicabilidad, esto es, la capacidad de que otro investigador ejecute el mismo estudio con las mismas variables y obtenga resultados similares. Esto es un gran peligro y la razón por la que muchos de esos "estudios" no califican como información verdadera, ya que solo han funcionado de esa forma en la muestra en la que fue estudiado. 

Es por eso que decir, como muchos medios poco rigurosos hacen, que “dar las gracias mejoraría la salud”, o que “las mujeres inteligentes, beben más”, sin pasar estas ideas por un filtro lógico y crítico, es no solo ignorante, sino peligroso. En ambos "estudios" solo han encontrado una asociación, en ningún momento se dice que tomar más te hace más inteligente, o que decir “gracias” mejora la salud, solo indican que estas características están presentes al mismo tiempo en una misma persona.

Formación científica

Este tipo de errores de interpretación básica vienen de la ausencia de formación científica en comunicadores que tratan con estos temas. Aunque no todos los periodistas tienen que saber de ciencia, sí es importante que aquellos que van a tratar con temática de este tipo se informen y sean capacitados para evitar malinterpretaciones o la publicación de titulares y contenidos sesgados que solo buscan clics, rating o publicidad.

La labor de un periodista no es solo repetir la información, sino procesarla de manera crítica, indagar sobre su veracidad y cuestionarla si es necesario. Necesitamos más científicos haciendo ciencia sin las presiones del mercado para sacar publicaciones que solo llamen la atención del público, así como también necesitamos más comunicadores y periodistas interesados en criticar constructivamente, en aprender, educar y transmitir información útil y veraz. 


*Alexandra es psicóloga y estudió una maestría en Neuropsicología en la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Es redactora de Sophimania.


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