Por qué es tan difícil cumplir con las promesas de año nuevo: La ciencia te lo explica

Cerebro y Neurociencias

Por Sophimania Redacción
31 de Diciembre de 2016 a las 09:58
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Por qué es tan difícil cumplir con las promesas de año nuevo: La ciencia te lo explica
Foto: Internet

Cuando comienza un nuevo año hacemos “resoluciones de año nuevo” que nunca logramos cumplir. Esta tradición anual, que data de la antigua Roma, es un recordatorio de que los seres humanos no pueden dejar de creer en nuevos comienzos.

Hay una razón obvia por la cual la mayoría de las resoluciones fallan: usualmente nos enfocamos en metas o tareas que no hemos podido lograr durante el año pasado. "Son objetivos para el año nuevo justamente porque siguen fallando", dice Tim Pychyl, psicólogo de la Universidad Carleton en Ottawa. La otra cosa terrible de las resoluciones de Año Nuevo, dice, es que hacerlas no requiere acción, el simple pensamiento de lograrlas nos da satisfacción instantánea.

Cuando haces una resolución de Año Nuevo, te sientes bien en ese momento, así que predices que vas a sentirte bien en el futuro. Pero cuando realmente vas a hacer esa resolución, la acción en sí no te hace sentir bien, así que la dejas. "Los seres humanos son previsiblemente irracionales", dice Pychyl, cuyo trabajo sobre la dilación se puede encontrar en procrastination.ca. "La dilación es uno de los motivos por los que las resoluciones fallan".

Aun cuando tratamos de superar nuestra resistencia a nuestras resoluciones, algo más poderoso se hace cargo de nuestro cerebro: la fuerza del hábito. En términos simples, los hábitos son conexiones de neuronas que trabajan juntas que nos han sido beneficiosas con el tiempo. Cuanto más ejecutamos el comportamiento habitual, más fuertes son las conexiones neuronales en nuestro cerebro. Es importante saber esto entrando en la resolución de Año Nuevo, dice Pychyl. Al entender lo que está pasando en tu cerebro, tienes mayor oportunidad de controlarlo. La clave, dice, es aflojar la conexión entre las neuronas que forman estos hábitos.

Una forma de hacerlo es a través de la atención plena. Esta antigua práctica enseña a la gente a ver el mundo y las emociones de una manera imparcial. A menudo asociamos ciertos comportamientos o acciones con pensamientos negativos. Con el tiempo, esta conexión se fortalece y la asociación se convierte en un pensamiento automático.

Sin embargo, estudios muestran que incluso ocho semanas de meditación consciente pueden disminuir el tamaño de la amígdala y degradar las conexiones entre la amígdala y la corteza prefrontal. Pero los hábitos tardan mucho en romperse. Pychyl aconseja a la gente a tomar cada objetivo un paso a la vez y recordar que el futuro no está tan lejos como se piensa. Hal Hershfield, profesor de mercadeo en la Escuela de Administración de la UCLA, explica que "neurológicamente hablando, pensamos en nuestro futuro como extraños", dice Pychyl. En otro estudio, Hershfield hizo que los estudiantes universitarios miraran imágenes de ellos mismos envejecidas digitalmente. Estos estudiantes desarrollaron más empatía por su futuro yo, y como resultado fueron menos propensos a postergar el trabajo escolar y estudiar para los exámenes. Hacer que nuestro yo futuro se sienta menos como extraño puede realmente ayudarnos a lograr las cosas en el presente.

 

FUENTE: POPSCI


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