¿Qué dice el último gran estudio sobre el supuesto “gen gay”?

Genética, Biología y Química

Por Alexandra Hernandez Muro
4 de Septiembre de 2019 a las 14:34
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¿Qué dice el último gran estudio sobre el supuesto “gen gay”?
Este estudio parece descubrir (¡por fin!) los responsables genéticos de la atracción hacia personas del mismo sexo o género.

Un nuevo estudio, el más amplio en su clase sobre comportamiento sexual, revela que no existe un “gen gay”. Publicaciones importantes como el New York TimesEl Mundo y The Guardian sacaron artículos de divulgación sobre el tema.

Lo interesante de este estudio es que le ha sido recibido con emoción tanto por conservadores como por progresistas, quienes le han dado su propia interpretación alimentando sus agendas.

Los conservadores lo ven como la constatación de que la homosexualidad es cultural, y por lo tanto, la "ideología de género" sería para ellos la responsable de la homosexualización de los niños y se tiene que impedir que se enseñe el enfoque de género en la educación. Para los progresistas significa que ni la heterosexualidad ni la homosexualidad caben en un gen, sino en muchos y que, por lo tanto, es cierto que la diversidad es genética y algo que no podemos cambiar.

¿Cómo se hizo este estudio y qué concluye?

Típicamente, la metodología utilizada en este estudio, llamada “asociación de genoma completo” (conocida por sus siglas GWAS) implica la asociación de variaciones genéticas con ciertos rasgos, con el fin de encontrar marcadores genéticos que permitan predecir, por ejemplo, enfermedades.

Sin embargo, en este caso, se ha utilizado para intentar descubrir cuáles son los responsables genéticos de la atracción hacia personas del mismo sexo o género.

Luego de analizar los genomas de casi 500 mil personas, los autores revelan que entre el 8 % y 25 % de la variación genética encontrada en personas con comportamiento homosexual tiene como responsables no uno, sino muchos genes involucrados en el complejo comportamiento sexual.

En concreto, se identificaron cinco “polimorfismos de nucleótido simple” (SNPs por sus siglas en inglés) que explican el comportamiento homosexual y bisexual.  Los SNPs son importantes en genética porque no suelen cambiar mucho de una generación a otra, así que son la clave en el estudio de enfermedades hererditarias. Volviendo al asunto del comportamiento sexual, tres de estos SNPs se replicaron en otras muestras independientes cuyas medidas se relacionaron con la identidad de género y la atracción sexual. Incluso, uno de ellos se ha identificado en estudios sobre la calvicie, característica que se encuentra asociada a las hormonas sexuales. Esto avivaría las ideas de que alteraciones hormonales producen la orientación homosexual.  

A pesar de lo contundente que esto suena, que estos cinco SNPs representen hasta un 25 % de contribución genética al comportamiento sexual, significa que aún existe un 75 % que se explicaría por la influencia del ambiente, aspectos culturales y sociales, algo que se ha encontrado en otros estudios similares más pequeños.

Primero, es importante entender que “gen” es una molécula que contiene información genética y que genoma es la totalidad de genes que tiene una persona. Los genes son responsables de ciertas funciones o características del cuerpo, sin embargo, conductas como la inteligencia, la vocación o, en este caso, la sexualidad, no se pueden explicar en su totalidad porque tienen una función moldeada por aspectos culturales y sociales. 

“Nuestro estudio se centró en la base genética del comportamiento sexual entre personas del mismo sexo, pero varios de nuestros resultados apuntan también a la importancia del contexto sociocultural”, concluyen los autores del estudio.

Lo novedoso de esta investigación

Este estudio es único en su naturaleza por la cantidad de muestra que tiene y porque toma en cuenta la variedad de formas en las que se presenta la atracción y el comportamiento sexual, como la bisexualidad, siempre invisible en estudios donde se compara el comportamiento homosexual y el heterosexual, como si fueran dos categorías estáticas y polarizadas.

En este estudio, en contraste con otros, se encontró que las variantes estudiadas explican solo una parte de la heredabilidad genética y no permiten una predicción significativa de la preferencia sexual de una persona. ¿Por qué? Porque pues, es falso que solo exista homosexualidad versus heterosexualidad (aquí aprovecho para recordar que el 23 de setiembre es el Día Internacional de la Visibilidad Bisexual). Además, es imposible determinar la conducta sexual, debido a que tener o no relaciones sexuales con alguien de determinado género implica más que solo la atracción o la oportunidad.

Además, expone la complejidad del estudio de la conducta sexual, ya que encontraron que los efectos genéticos que diferencian el comportamiento heterosexual del homosexual no son los mismos que los que difieren entre los bisexuales con más parejas de su mismo género y los bisexuales con más parejas de género distinto. Este hallazgo sugiere que, a nivel genético, no existe una dimensión única que explique la preferencia por uno, otro o varios géneros

La existencia de tal dimensión, como proponía Kinsey, en la que la tendencia a un extremo indica mayor atracción por el mismo género y poca por otro, es errada, debido a que existirían personas que sienten, a la vez, mucha atracción por su propio o distintos géneros. Es decir: la atracción por un género o sexo no implica (necesariamente) menor atracción hacia otro, la sexualidad no estaría limitada en términos cuantitativos.

Los hallazgos sugieren que este tipo de medidas unidimensionales de la orientación sexual se basan en conceptos reduccionistas, por lo que es necesario plantear nuevas formas de explicar la sexualidad que permitan una exploración más detallada y visible de la bisexualidad y asexualidad. 

Si bien este estudio explora la extensión de la influencia genética del comportamiento sexual, también aporta en la importancia de no caer en conclusiones simplistas, debido a que “los fenotipos sexuales son complejos, en comparación con los conocimientos genéticos rudimentarios que tenemos y una larga historia de mal uso de resultados genéticos con fines sociales”, explican los autores del estudio en el paper publicado en Science.

Limitaciones (no menores) de este estudio

Como se mencionó al principio, a pesar de la algarabía alrededor de este estudio, existen muchas limitantes y cuestionamientos por los resultados que brinda y lo que esto significa:

UNOUn principal problema de este estudio es que no toma en cuenta personas trans, intersexuales y otras que se encuentran en el espectro queer, es decir, solo toma en cuenta personas con experiencias cisgénero, lo cual impide un estudio más fiable de la complejidad de la experiencia sexual. ¿La razón de esta exclusión? Los investigadores consideraron que estas personas, por sus particularidades, podrían generar un sesgo en los resultados, sin embargo, olvidan que muchas personas del espectro queer, trans o intersexual podrían no estar fuera del clóset, no ser “identificables” a simple vista o no estar al tanto de su “estatus” biológico, por lo que es una variable que no se debería intentar controlar.

DOSAun así, existe otro gran problema con este estudio: solo se limita a analizar experiencias sexuales y no la atracción sexual, es decir, infiere la orientación sexual a partir del componente meramente motor (el haber tenido relaciones sexuales) y descarta la posibilidad vastamente estudiada de que una persona pueda ser homosexual o bisexual a pesar de tener relaciones sexuales exclusivamente con personas del sexo opuesto o no haber tenido nunca actividad sexual.

Esta es una gran limitante para el análisis, no solo porque impide conocer el número real de personas homosexuales y bisexuales, sino que modifica de manera efectiva los resultados: por muchas razones las personas LGBTI mantienen un comportamiento heteronormativo, especialmente por prevenir violencia, por lo que existiría una cifra oculta en la data analizada. Es decir, no nos brinda indicadores exactos.

Los autores admiten que la diversidad de formas en las que se presenta el comportamiento sexual, debido a factores sociales y culturales, hizo difícil poder definir a qué se refieren con comportamiento sexual no heterosexual. “Observamos influencias genéticas parcialmente diferentes en el comportamiento homosexual y bisexual de mujeres y hombres. Esto podría reflejar las diferencias sexuales en las influencias hormonales sobre el comportamiento sexual, pero también podría relacionarse con diferentes contextos socioculturales del comportamiento homo/bisexual femenino y masculino”, afirman en el estudio. Es evidente que las cosas están menos claras que al comienzo.

TRES: Una última pero no menos importante limitante del estudio, es que la muestra está compuesta por participantes de ascendencia europea y de algunos países occidentales, por lo que la amplia diversidad de expresiones de la sexualidad no ha sido tomada en cuenta.

Este estudio abre más interrogantes de las que aclara, pero no queda duda de la importancia que tiene a nivel científico: ¿estamos diseñando metodologías que se adapten a la realidad de la diversidad sexual?, ¿por qué nos importa tanto conocer la ruta de la homosexualidad?, ¿por qué seguimos imaginando la sexualidad como jaulas en las que nos tenemos que ubicar?

Lo más importante: que exista espacio para la socialización y la cultura en la orientación sexual no significa que esta sea elegida, solo significa que la forma en la que reaccionamos ante el placer, cómo nos relacionamos con nuestros cuerpos y la forma en que sentimos tiene mediación cultural, porque filtra la forma en que pensamos sobre nuestra experiencia sexual. Es así que en sociedades más homofóbicas es más probable que una persona homosexual o bisexual tenga comportamiento exclusivamente heterosexual por miedo a ser agredida, lo cual modifica su experiencia consigo misma, con su sexualidad y con la forma en que vive sus atracciones.

En todo caso, pareciera que seguimos insistiendo en encontrar las razones que subyacen al comportamiento sexual considerado “diferente”, lo que para algunos es una forma de patologizarlo. 

Solo investigaciones que involucren muestras más grandes y más diversas proporcionarán una mayor comprensión de cómo funciona la diversidad sexual en diferentes contextos socioculturales.

 * Alexandra es neuropsicóloga, divulgadora científica en Sophimania e Investigadora en Más Igualdad Perú.


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