¿Cómo perdió su hueso el pene humano? Aquí la respuesta evolutiva

Medicina, Salud y Alimentos

Por Sophimania Redacción
14 de Diciembre de 2016 a las 14:31
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¿Cómo perdió su hueso el pene humano? Aquí la respuesta evolutiva
Foto: Didier Descouens/Muséum de Toulouse/Wikimedia Commons

El pene humano no tiene huesos, a diferencia de muchos de nuestros parientes evolutivos más cercanos, como los chimpancés y bonobos, que tienen un hueso llamado báculo.

Un grupo de investigadores analizó la historia evolutiva del pene y publicaron un estudio en Proceedings de la Royal Society B, que ayuda a esclarecer está adaptación evolutiva.

Para el equipo de University College de Londres, el báculo evolucionó por primera vez entre 145 millones y 95 millones de años. Esto significa que estaba presente en el antepasado común más reciente de todos los primates y carnívoros.

En los primates, la presencia de un hueso del pene estuvo relacionada con el aumento de la duración de la intromisión, es decir, cuánto tiempo el pene penetra en la vagina durante las relaciones sexuales.

Los tiempos de intromisión más largos a menudo ocurren en especies con prácticas de apareamiento poligámico, donde múltiples machos se aparean con múltiples hembras, como se observa en bonobos y chimpancés, pero no en seres humanos.

Este sistema crea una competencia intensa para la fertilización, y una manera para que los machos reduzcan el acceso a las hembras a otros machos, es justamente pasar más tiempo teniendo sexo con ella. El hueso del pene facilita esto apoyando al pene durante el sexo y manteniendo la uretra abierta.

Los chimpancés y los bonobos tienen un báculo muy pequeño, y penetraciones más cortas, pero son polígamos: esta puede ser la razón por la que estas especies han retenido el báculo, aunque sea pequeño.

“Después de que el linaje humano se separara de los chimpancés y los bonobos y nuestro sistema de apareamiento se desplaza hacia la monogamia, probablemente hace 2 millones de años, las presiones evolutivas para retener el báculo probable desaparecieron. Esto pudo haber sido el último clavo en el ataúd del báculo ya disminuido, que se perdió en los seres humanos ancestrales”, explica el antropólogo Kit Opie, coautor del estudio.

 

FUENTES: Science, ABC


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