Fármacos psiquiátricos podrían estar causando más daño que curando

Medicina, Salud y Alimentos

Por Alexandra Hernandez Muro
15 de Diciembre de 2016 a las 11:43
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Fármacos psiquiátricos podrían estar causando más daño que curando
Foto: Internet

Uno de cada seis estadounidenses está medicado con una droga psiquiátrica, explica Sarah G. Miller, periodista de Scientific American. Y la mayoría de estos medicamentos son antidepresivos. Al parecer, estar triste ha dejado de ser una característica natural del ser humano y ahora, ante la mínima sensación de nostalgia, los médicos recetan alguna droga que prometen curar los males de nuestra sociedad.

A partir de 2013, casi el 17 % de los estadounidenses estaban tomando al menos un medicamento psiquiátrico, un aumento del 10 % desde 2011. Este aumento en los medicamentos debería estar mejorando la salud mental, ¿no? Edmund S. Higgins, profesor de psiquiatría en la Universidad Médica de Carolina del Sur, algunos estudios encuentran que, por el contrario, se ha deteriorado.

Según Higgins, "el número de trastornos mentales ha aumentado en las últimas dos décadas, incluso cuando otras condiciones serias se hicieron más manejables. Las tasas de suicidio ha  aumentado. El abuso de sustancias, particularmente de los opiáceos, se ha convertido en epidémico. Los permisos por discapacidad por trastornos mentales han aumentado drásticamente desde 1980, y el Departamento de Asuntos de Veteranos de los Estados Unidos está luchando para mantenerse al día con el aumento del trastorno de estrés postraumático (TEPT)".

¿Qué está causando esto? Es probable que sea una mezcla de muchos factores: las personas buscan con más frecuencia atención en salud mental, y los manuales diagnósticos se han vuelto más laxos con los años, agregando, además, más diagnósticos psiquiátricos a su lista de trastornos. No olvidemos que la industria farmacéutica muchas veces financia estudios para encontrar beneficios terapéuticos a drogas que tienen efectos secundarios preocupantes.

Pensemos un momento en los niños. En los niños el trastorno más diagnosticado son los problemas de conducta y el trastorno de déficit de atención (TDAH), que muchas veces van de la mano. Para hacer el diagnóstico se suele tomar como evidencia el reporte de los padres y de los profesores, sin embargo, la razón por la que un niño puede tener conducta desafiante, baja motivación en el colegio y distractibilidad, puede tener raíces distintas a las que propone el TDAH, que es una disfunción en el desarrollo neuropsicológico. Un niño puede tener depresión, ansiedad y manifestar conductas similares al TDAH sin ser TDAH. 

La medicina que más se receta en estos casos es el ritalin (un estimulante del sistema nervioso) pero para los niños más “agresivos e hiperactivos” se suelen recetar antipsicóticos, medicamentos típicos para la psicosis o esquizofrenia. Estos medicamentos tienen muchos efectos secundarios que pueden afectar el desarrollo de un cerebro joven. Incluso, estudios han encontrado que estos medicamentos producen cambios en la sustancia blanca y gris del cerebro.

Igual que los antipsicóticos, los antidepresivos y ansiolíticos no se salvan. Sin embargo, no se trata de dejar de medicar, sino de demorarnos un poco antes de decidir usar estas drogas y reconocer que tienen efectos secundarios que hay que tomar en cuenta en la ecuación. Higgins sostiene que "la falta de precisión y objetividad en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales ha estancado nuestro progreso. Debemos adoptar nuevas estrategias en la investigación y la prevención para seguir adelante". 

Un buen profesional de la salud mental sabe que los fármacos no curan los trastornos psiquiátricos, sino que disminuyen los síntomas. La única forma de rehabilitar a una persona es a través de terapia psicológica individual, familiar y una red de apoyo y recursos en la sociedad. 

Debido a esto, es necesario que existan políticas de prevención e intervención temprana para reducir problemas sociales que estén contribuyendo al empeoramiento de la salud mental: pobreza, malnutrición, violencia, discriminación, sobrecarga de trabajo, pérdida de los derechos civiles, etc. Este contexto se suma a las diferentes características de la vivencia individual, como la pérdida de un ser querido, estrés crónico, situaciones traumáticas o rasgos de personalidad que nos predisponen a cierto tipo de respuestas.


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