¿Por qué amamos a los perros, comemos cerdos, y vestimos vacas?

Medicina, Salud y Alimentos

Por Sophimania Redacción
18 de Diciembre de 2013 a las 23:51
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¿Por qué amamos a los perros, comemos cerdos, y vestimos vacas?

Melanie Joy, psicóloga social, es autora del libro ‘Por qué amamos a los perros, comemos cerdos, y vestimos vacas: Una introducción al carnismo’. Uno de los temas que más ha investigado, y en los que más se destaca, es en sus investigaciones acerca de la cultura de la carne y su consumo.

Joy postula que el consumo de carne es definido culturalmente, y que, además, constituye una ideología opresiva. A esta idea le da el nombre de ‘carnismo’. Joy caracteriza a una ideología opresiva como ‘Una actitud ilógica, ampliamente ambivalente, de un grupo hacia otro es casi siempre un sello distintivo de una ideología opresiva.

Las ideologías opresivas requieren que personas racionales y humanas participen en prácticas irracionales e inhumanas y permanezcan inconscientes de dichas contradicciones’.

También habla de una ‘paradoja de la carne’, en el sentido que muchas personas consumen animales de cierta especie, pero sienten cariño por otras, ‘amamos a los perros y comemos cerdos y no sabemos por qué’.

Es precisamente este ‘no saber por qué’ el indicativo más claro que sustenta la teoría de Joy en que el ser humano está inmerso en una ideología de consumo, ya que este sistema de creencias está internalizado a un nivel personal y social y consumir animales es algo dado sobre lo cual nunca se nos invita a reflexionar.

El carnismo es contrario a lo que la mayoría de las personas siente o reflexiona instintivamente. Vemos a los animales no humanos y no queremos que sufran, sin embargo, seguimos como sociedad consumiéndolos, lo que sólo es posible gracias a una serie de mecanismos psicológicos que nos da el carnismo para ignorar esta paradoja.

Las claves del carnismo

El primero de estos mecanismos mentales, según la autora, es la negación. Si no hay un problema, no hay que hacer algo al respecto. Esto se logra de dos formas: no hablando del tema, y volviéndolo ‘invisible’ (por ejemplo, manteniendo los centros de explotación animal alejados de las personas).

En segundo lugar, cuando cae la negación y se descubre la realidad, se cae en la justificación, donde creencias sobre la carne se transforman en hechos. Esto se logra a través de lo que ella llama las 'tres N': comer carne es normal, natural, y necesario, lo cual es un mecanismo común que se ha utilizado para mantener otros tipos de opresión entre humanos.

Se recurre a estos para desacreditar movimientos progresistas, tildándolos de anormales, antinaturales e innecesarios. Respecto al tema de lo necesario de consumir animales, Joy señala: ‘En otras palabras, si creemos que comer animales es inevitable entonces también creemos que es amoral, y estamos aliviados de la responsabilidad de reflejar ética en nuestras elecciones’.

Joy menciona que el carnismo es una construcción cultural; cada sociedad escoge qué especies son “comestibles” y cuales no, y considera su propia clasificación como la correcta y racional.

Luego, pasa a analizar la relación del carnismo con otras formas de opresión y dominación en las sociedades humanas, la autora señala que el carnismo, al igual que otros sistemas opresivos, provoca distorsiones cognitivas, al afectar la manera en cómo las personas se relacionan con y entienden la realidad.

El ecosistema de consumo nos enseña a ver a los animales como objetos, como abstracciones sin individualidad ni personalidad (‘un cerdo es un cerdo y todos los cerdos son iguales’), como números sin nombres, como pertenecientes a categorías rígidas (animales de granja, de compañía, salvajes, etc). Es gracias a que vivimos dentro de este marco cultural del carnismo que no nos cuestionamos estas contradicciones y absurdos, y a raíz de estos absurdos, como cita a Voltaire, cometemos atrocidades.

Finalmente, cita al filósofo australiano Peter Singer, con la frase ‘No puedo evitar preguntarme qué es exactamente lo que hacen los seres humanos que apoyan la explotación de animales de granja’. Ella señala: ‘La única manera de conseguir cambios verdaderos, profundos y duraderos, es cambiando el paradigma cultural’.

 

Fuente: ElMundo.es


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