¿Quién debe vacunarse primero y por qué? Una respuesta insospechada basada en un caso familiar

Medicina, Salud y Alimentos

Por Sophimaníaco Invitado
7 de Marzo de 2021 a las 19:51
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¿Quién debe vacunarse primero y por qué? Una respuesta insospechada basada en un caso familiar
Por qué no es una buena idea que se vacunen primero los que pueden pagarse la vacuna. Una explicación muy didáctica desde la ciencia.

En la actualidad, la mayoría de las vacunas aprobadas actúan previniendo que se enferme de Covid-19 quien recibe la vacuna, pero aún no se sabe si sirven para evitar que esa persona se contagie o que transmita el virus SARS-COV-2 a otros. En otras palabras, aun vacunada la persona podría contraer el virus y podría contagiar también (incluso hasta contraer la enfermedad en forma leve). Entonces, teniendo en cuenta ese dato y la escasez de las vacunas, ¿quiénes deberían vacunarse primero?

 Por Edward Mezones-Holguín*

En medio de una interminable segunda ola por la pandemia de Covid-19, y a casi un año de decretarse el estado de emergencia en el Perú, se ha generado un importante cuerpo de evidencia científica con respecto a la prevención, diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad causada por el virus SARS-COV-2. Es importante recordar, que al inicio de la pandemia muchas de las decisiones tomadas se basaron en el conocimiento que teníamos sobre otros virus respiratorios: SARS y MERS que produjeron epidemias controladas en China y Arabia Saudita, respectivamente.

En cuanto a la prevención, a estas alturas del partido, queda claro que no contamos con fármaco alguno con evidencia científica de calidad que sirva para prevenir la Covid-19. Es así que el distanciamiento físico y el uso correcto de mascarillas/respiradores constituyen las más importantes medidas de prevención. En ese marco, una nueva estrategia, que representa un gran aliada en nuestra lucha contra las enfermedades infecciosas, se nos unió: la vacunación.

Desde la academia hemos visto una carrera sin precedentes en el desarrollo de las vacunas para Covid-19, más de 250 proyectos alrededor del mundo, y algunas de ellas con estudios de fase 3 concluidos. La rapidez de su desarrollo se explica por varios factores, entre ellos: La relevancia política y de salud global de la pandemia, esto llevó a la lucha contra la pandemia a encabezar la agenda política con el subsecuente financiamiento; al 2021 se dispone de un mayor desarrollo tecnológico (son cerca de 10 plataformas distintas las utilizadas) y una mayor voluntad por parte de la gente, de participar en estudios clínicos. Consecuentemente, se han aprobado nuevas vacunas para uso humano en tiempo récord, y aunque con ciertas variaciones en algunos países, se ha cumplido con las regulaciones internacionales establecidas.

Oferta y demanda
Por otro lado, hoy en día, un problema crítico es la alta demanda mundial que sobrepasa claramente a la oferta de las distintas casas farmacéuticas. Si bien deseamos que todos se puedan vacunar, la limitada manufactura de estos productos biológicos nos pone en un contexto de escasez internacional; donde países ricos han acaparado gran parte de la producción, y a pesar de ello estos pedidos pagados y comprometidos no son atendidos en su totalidad y con la prontitud que se esperaba. Con mucho optimismo esperamos que la aprobación de uso de nuevas vacunas – tras el reporte satisfactorio de los estudios de fase 3 correspondientes – incremente la oferta; no obstante, ahora mismo debemos tener claro que en este contexto de escasez, las vacunas son un bien muy preciado, y en ese marco, la priorización resulta ser imperativa; más en países de medianos y bajos ingresos como el nuestro.

Comunicar desde la epidemiología sin números y alejados de nuestro argot académico es una tarea difícil, pero allí vamos. Trataré de esbozar un ejemplo cotidiano para entender un poco mejor la necesidad de priorización de vacunas y los criterios que podrían estar involucrados en un contexto de salud pública.  Partamos eso sí, de que hay oferta reducida y que incluso si compramos vacunas estas serán un bien futuro, no una vacuna que ahora mismo existe.

Imagina que esta es tu propia familia

Tengo una familia extensa conformada por abuelos,  padres, tíos, primos, hermanos, hijos, sobrinos y yo; somos en total cerca de 50 personas. No todos vivimos en la misma casa, pero estamos en comunicación constante. En nuestra familia ya hemos tenido pérdidas, falleció el tío abuelo José, hermano de nuestra abuela, por Covid-19, quien tenía 68 años y aún seguimos pagando por la cama UCI que utilizó en noviembre del 2020; toda la familia colaboró y organizaron algunos eventos para ayudar. Pero no son los únicos casos en la familia, la tía Cecilia, hermana de nuestro papá tuvo Covid-19; ella es diabética, tiene 59 años, estuvo internada en UCI y ahora mismo se está pagando su rehabilitación. También el primo Ricardo tuvo Covid-19, pero su cuadro fue leve y fue manejado en casa, y ahora está bien; él tiene 26 años y no tiene comorbilidades. A nuestra prima Leticia le hicieron una prueba molecular en el trabajo y resultó positiva, sin embargo, fue asintomática, tiene 23 años y no tiene otras enfermedades. Dentro de la familia está Sugey, de 38 años, ella es médica internista y trabaja en el hospital, y brinda atención a toda la familia; ha tenido que estar aislada durante este tiempo y protegerse en extremo. Muchas veces ella misma ha comprado su equipo de protección. 

Esta es una familia diversa y con distintas generaciones, que busca ilustrar (aunque de manera limitada) lo que es el país. Todos saben que se han licenciado vacunas y todos quisieran recibirla (bueno no todos, tenemos a la tía Patricia que es antivacunas); pero cuando salimos a comprarla son pocas unidades a la venta, no alcanzará para todos. Entonces, tenemos que decidir para quiénes serán, debemos priorizar. Si usted fuera parte de esta familia ¿a quiénes le daría la vacuna? ¿quiénes cree que pueden esperar? ¿por qué? Tómese unos minutos para pensarlo, o quizás ¿ya se le vino una imagen a la mente?

La toma de decisiones en salud pública es difícil, pero la priorización es aun más compleja. Recordemos que no le podemos dar la vacuna a todos, en nuestra familia tres personas hicieron la enfermedad Covid-19: el tío abuelo José, adulto mayor que falleció;la tía Cecilia, diabética que estuvo en UCI; y el primo Ricardo, joven que tuvo enfermedad leve. Además, Leticia tuvo la infección, pero fue asintomática.  

Precisemos aquí algo importante: la mayoría de los estudios fase 3 desarrollados para probar la eficacia de las vacunas se han centrado en prevención de la enfermedad Covid-19, no en prevención de la infección o transmisión del virus SARS-COV-2, y en base a ello se han dado las aprobaciones de uso. 

Eso quiere decir que si hubiésemos tenido la vacuna antes, esto nos hubiese servido mucho más en José, Cecilia y Ricardo (desarrollaron la enfermedad), que en Leticia (infección asintomática). Este es un detalle muy relevante a tener en cuenta. Nos debe quedar claro que con la evidencia científica actual sumada a nuestra velocidad de vacunación incluso las personas vacunadas deben continuar con las medidas de prevención basadas en distanciamiento físico y uso de mascarillas/respiradores. 

Al indagar sobre esta situación en otras familias, observamos que ocurrieron cosas similares: adultos mayores y personas con comorbilidades sufrieron enfermedad Covid-19 más severa, requirieron internamiento en hospital o clínica, y algunos murieron. Algunas familias tuvieron también casos asintomáticos y otros casos leves. La evidencia científica actual y las estadísticas, indican que los adultos mayores y las personas con comorbilidades son quienes más desarrollan enfermedad Covid-19 de moderada a severa, son los que más requieren hospitalización e internamiento en UCI, y también son las personas que más mueren. 

Si sabemos que las vacunas previenen enfermedad y aún no tenemos certeza si previenen la infección o cortan la transmisión, entonces ¿esas escasas vacunas a quién le deberíamos dar?  ¿qué integrantes de nuestra familiar deberían recibir? ¿tu mamá de 66 años? ¿tu prima de 24 años? ¿tu tío diabético de 62 años? ¿tu hijo de 12 años?  Creo que la mayoría optaríamos por ese grupo donde sabemos que vamos a prevenir enfermedad, que evitaremos que lleguen al hospital, a UCI, o que mueran.

Qué dice la ciencia
En ese sentido, modelos matemáticos desarrollados por un equipo de investigación liderado por Bubar et al., publicados en la prestigiosa revista científica Science muestran que si vacunamos a mayores de 60 años disminuiríamos la mortalidad en la población y los años de vida perdidos. La vacunación en jóvenes entre 20 y 49 años disminuiría la incidencia de casos con infección siempre que usemos una vacuna super eficaz para cortar transmisión, a estas alturas no contamos con esto. Recordemos que las vacunas han sido aprobadas para prevención de la enfermedad Covid-19. 

Consecuentemente, el actuar sobre está población vulnerable disminuirá la demanda de hospitalizaciones y muertes, con también nuestros gastos en servicios de salud. Asimismo, al tener menos pacientes Covid-19 se podrá brindar mejorar la atención a personas con otras enfermedades, que lamentablemente se han visto afectadas de manera negativa por el colapso de nuestro fragmentado, segmentado e inequitativo sistema de salud.

Quizás algunos se preguntarán, pero qué pasa con Sugey, la médica de la familia, ella no es adulta mayor."La priorización aquí, no obedece al mismo criterio que en el caso de nuestros otros familiares donde nos basamos en la mortalidad y en la demanda de los sistemas de salud, sino a que Sugey es parte de la primera línea, , se trata de una exposición ocupacional, y se requiere proteger a quienes trabajan en el sistema de salud,  pues cuidan de nosotros o de aquellos que necesiten de alguna atención. Si a Sugey le pasa algo, ella no podrá atender a miembros de la familia que caigan enfermos, y no sólo por Covid-19, también por otras enfermedades que tenemos o pudiéramos tener tener. Fortalecer la respuesta desde los servicios de salud es crucial al medio de esta epidemia.

A estas alturas, quizás algunos se preguntarán ¿Qué pasará con el resto de la familia? ¿qué pueden hacer? ¿cuándo se vacunarán?¿deben vacunarse los niños? Ante la escasez es probable que las vacunas necesarias para los adultos mayores y para las personas con comorbilidades  no lleguen en un solo envío, la familia podrá pagar por algunas vacunas en un laboratorio y otras vacunas en otros, y estas llegarán de acuerdo a la capacidad de producción que se tenga. Mientras tanto, todos debemos extremar las medidas de prevención. En el caso de los niños, aún no disponemos de resultados de estudios clínicos en esta población, y además tienen menos riesgo de hacer enfermedad a pesar de estar infectados por el virus. Eso sí, estos niños pueden ser fuentes de contagio para nuestros adultos vulnerables en nuestra familia, por tanto, las medidas preventivas debemos aplicarlas todos.

A través de esta analogía, he intentado ilustrar y explorar el tema de priorización de vacunación en el marco de la pandemia. Nos queda a todos continuar con las medidas de prevención que conocemos. Estamos todos muy afectados, y aunque es difícil, saquemos lo mejor de nosotros para remar sinérgicamente en el mismo sentido. Recordemos que la solidaridad y esfuerzo colectivo contribuyen positivamente en nuestra salud pública.

*Edward Mezones-Holguín es Médico Epidemiólogo, catedrático e investigador. 

Como parte de su labor científica realiza publicaciones y es árbitro en revistas científicas indexadas. Es investigador del Centro de Estudios Económicos y Sociales en Salud de la USIL, y profesor de medicina de la UPC. Es miembro del Comité Asesor Permanente de Investigación Científica e Innovación del Consejo Nacional del Colegio Médico del Perú.

Ha sido jefe de Gestión de Estudios Económicos y Sociales en la Superintendencia Nacional de Salud (SUSALUD), investigador senior en el Instituto Nacional de Salud (INS), y colaborador en la Red de Políticas Informadas en la Evidencia de la Organización Mundial de la Salud (EVIPNET).


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