Ese "pálido punto azul" de Carl Sagan: Imagen del Voyager I cumple 25 años

Misiones Espaciales

Por Sophimania Redacción
14 de Febrero de 2015 a las 12:29
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Ese "pálido punto azul" de Carl Sagan: Imagen del Voyager I cumple 25 años

El día de San Valentín es especial para la misión Voyager de la NASA. Fue el 14 de febrero de 1990, que la nave espacial Voyager 1 observó nuestro sistema solar y capturó por primera vez imágenes de los planetas más allá de Neptuno.

Este "retrato de familia" captura a Neptuno, Urano, Saturno, Júpiter, la Tierra y Venus desde el singular punto de vista de la Voyager 1. Marte no se vio por poca luz solar, Mercurio estaba demasiado cerca del sol, y el planeta enano Plutón era iluminado tenuemente.

 

 

Ese pequeño punto azul pálido. Video: Alberto BTO

 

 

Tomar estas imágenes no era parte del plan original, pero el fallecido Carl Sagan, un miembro del equipo de imágenes de la Voyager en ese momento, tuvo la idea de dirigir la nave para dar una última mirada hacia la Tierra. El título de su libro de 1994, "Un punto azul pálido", se refiere a la imagen de la Tierra en estas fotografías.

La imagen de la Tierra contiene luz dispersada que se asemeja a un haz de luz solar, que es un artefacto de la propia cámara que hace que la pequeña Tierra se vea aún más dramática.

Estas imágenes que emulan un retrato familiar incompleto de nuestro sistema solar son las últimas que la Voyager 1, lanzado en 1977, tomó antes de regresar a la Tierra.

Hoy en día, la Voyager 1, a una distancia de 130 unidades astronómicas, es el objeto hecho por el hombre más alejado de la Tierra, y todavía se comunica regularmente con nuestro planeta. Su gemelo, el Voyager 2, también se puso en marcha en 1977, y sigue en camino hacia el espacio interestelar.

 

 

punto 2

Foto: WIKIMEDIA

 

 

Sobre la imagen, Carl Sagan dijo lo siguiente:

 

“Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas.

La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí,  en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto.

Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido”.

 

 

FUENTE: Science Daily


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