Las 8 falacias que contribuyen a la anti-ciencia

Filosofía y Humanidades

Por Sophimania Redacción
16 de Enero de 2015 a las 12:18
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Las 8 falacias que contribuyen a la anti-ciencia

Hoy en día necesitamos la ciencia más que nunca, sin embargo, todavía a muchas personas les resulta difícil obtener información precisa sobre el método científico y sus logros. El problema es que muchos de los argumentos utilizados para desprestigiar o refutar los hallazgos de la ciencia (o incluso el mismo método científico), están plagados de errores lógicos.

 

Aquí están ocho de las falacias anti-ciencia más comunes:

 

 

1. Falsa equivalencia

 

La información equilibrada es importante, no hay duda. Pero eso no significa que cada perspectiva única sobre un tema polémico tenga una contraparte que merezca igual consideración. Tal es la falacia de la falsa equivalencia, la afirmación de que hay una equivalencia lógica entre dos argumentos en contra cuando no lo hay.

Este es un error que se hace cuando los periodistas o expertos tratan de proporcionar un debate "equitativo" entre un punto de vista científico y otro negacionista (como el reciente debate entre Bill Nye y Ken Ham). Con demasiada frecuencia, sin embargo, el lado disidente carece de pruebas, o presenta evidencia de mala o dudosa calidad. De hecho, los dos lados de un argumento no siempre son iguales en términos de calidad y pruebas.

 

 

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Foto: IO9

 

 

2. El recurso de la naturaleza

 

 

Es uno de los argumentos más usados para socavar a  los científicos y su trabajo es la apelación a la naturaleza y la falacia naturalista. La primera es la creencia de que lo que es natural es "bueno”, mientras que la falacia naturalista implica lo que “lo que debe ser, es”

Ambas se han utilizado para argumentar que el progreso en la ciencia y la tecnología representan una amenaza para el orden natural de las cosas. Es una línea de argumentación que alaba la salubridad inherente de todas las cosas naturales, denunciando la insalubridad de todas las cosas no naturales.

 

 

3. Observación selectiva

 

Muchos críticos de la ciencia seleccionan y comparten información que sirve para socavar proclamas específicos de la ciencia, sin tener en cuenta la información que trabaja para apoyar estas hipótesis.

Por ejemplo: "Mi abuelo fumaba y comía mal, y nunca se enfermó" (que pasa a incluir otra falacia: las estadísticas de números pequeños). O señalar las circunstancias favorables, ignorando o desestimando las desfavorables (o viceversa).

 

 

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Foto: IO9

 

 

4. Apelar a la fe

 

“No estoy interesado en la evidencia, solo tengo fe en que lo que creo que es cierto”. “Discutir acerca de Dios es inútil porque Dios está más allá de razones científicas o argumentos”, “Me niego a creer en todo esto del calentamiento Global, tengo fe en que Dios no permitiría que algo malo nos suceda”.

¿Suena familiar? Estos son estribillos comunes repetidos por las personas que han apelado a su fe para hacer un argumento, una falacia en la que las convicciones religiosas se confunden con la razón y la evidencia. Pero mientras que muchas de estas personas creen que están actuando racionalmente, la verdad es que la elección de creer en algo no es un sustituto para la ciencia.

 

 

5. Dios está en las brechas

 

La ciencia no tiene todas las respuestas, ni pretende hacerlo. Todavía no sabemos cómo funciona la conciencia, no sabemos lo que instigó el Big Bang, y todavía hay agujeros en nuestra comprensión de cómo surgieron ciertos rasgos a través de la selección natural. Eso no quiere decir que estos sean problemas insolubles; es muy posible que vayamos a resolverlos alguno de estos días. Mientras tanto, es importante reunir pruebas, proponer hipótesis, y asumir el paradigma naturalista (es decir, todo fenómeno puede explicarse sin tener que invocar las acciones de una fuerza divina).

Desafortunadamente, sin embargo, hay una tendencia entre los que desean desacreditar a la ciencia de llenar nuestros vacíos de conocimiento con explicaciones sobrenaturales y metafísicas. Por ejemplo, los creacionistas a menudo argumentan que la selección natural no puede explicar adecuadamente la diversidad, la complejidad y el aparente diseño de la vida en la Tierra. Del mismo modo, a los fenómenos neurológicos, tales como las experiencias cercanas a la muerte, a menudo se le asigna explicaciones sobrenaturales cuando existen explicaciones más simples, más probables y plausibles.

 

 

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Foto: IO9

 

 

6. El recurso  de las consecuencias

 

Apelar a las consecuencias puede ser visto como una especie de principio de precaución, una medida cautelar para no involucrarse en actividades o esfuerzos científicos que plantean amenazas de daño para la salud humana o el medio ambiente. En muchos casos, sin embargo, la gente anti-ciencia entrelaza los límites de sus disputas con supuestas consecuencias filosóficas y morales.

Por ejemplo, hay un temor de que la teoría evolucionista dé lugar a un genocidio, o que vaya a conducir a la opinión de que los humanos son más que otros animal (es decir, la negación de la excepcionalidad humana). Otra preocupación común es que el ateísmo y el materialismo conduzcan a una vida inmoral.

Claramente, algunas vías de investigación científica son más peligrosas que otros. Pero no es el método científico o científicos los que tienen la culpa, sino más bien cómo nos adaptamos a los conocimientos recién descubiertos.

 

 

7. Retención del consentimiento

 

“Es solo una teoría”.

No, a veces no es sólo una teoría. Los principios científicos como la selección natural y la relatividad general son teorías, pero llega un momento en que estas explicaciones o modelos se vuelven tan instructivos y tan útiles que se gradúen con el nivel de axiomas (una afirmación o una propuesta que está establecida, aceptada, o es evidentemente cierta).

Eso no significa que deberíamos abandonar el escepticismo o tratar de mejorar nuestros axiomas. Pero es importante reconocer las "teorías" útiles cuando las vemos y no desacreditarlas cuando se consideren inconvenientes.

 

 

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Foto: IO9

 

 

8. Jugando a ser dios

 

Aunque no es una falacia lógica formal, es un error en el pensamiento: la idea de que la humanidad no debe pisar lo que es tradicionalmente dominio de Dios, y que, al hacerlo, estamos siendo arrogantes, imprudentes, e irreverentes.

La preocupación es que estamos participando en actividades que se encuentran más allá de nuestro entendimiento y control y que podríamos irrevocablemente malograr las cosas. Incluso nos arriesgamos a enfurecer a Dios en el proceso.

Mandamientos judiciales contra "jugar a ser Dios" se dirigen habitualmente a cosas tales como el control de la natalidad, el aborto, la eutanasia voluntaria, la ingeniería genética y embrionaria, y la recolección de células madres.

 

 

FUENTE: iO9


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