Aun si se descifraban los códigos japoneses, Pearl Harbor no se salvaba

Sociología y Antropología

Por Sophimania Redacción
7 de Diciembre de 2016 a las 13:56
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Aun si se descifraban los códigos japoneses, Pearl Harbor no se salvaba
El ataque aereo sobre Pearl Harbor costó la vida de más de 2 mil estadounidenses. Foto: US Navy

El 7 de diciembre quedará como uno de los días más tristes en la historia de los EE.UU. A las 7:48 de la mañana, hora de Hawái, 353 aviones de la armada imperial japonesa bombardearon la base naval de los Estados Unidos apostada en Pearl Harbor.

Durante mucho tiempo se debatió si el ataque pudo haber sido evitado y hace poco el periodista Steve Twomey llegó a la conclusión que no. En su libro “Twelve Days to the Attack” (Doce Días Para Atacar) Twomey describe que a pesar de saber que el ataque era inminente, nunca se tuvo una clara imagen de dónde se llevaría a cabo.

A diferencia de los británicos que pudieron descifrar el código alemán Enigma gracias a la ayuda de tres matemáticos polacos en 1930 que rompieron el código; y luego al genio de Alan Turing que inventó la máquina para descifrarlo. Las fuerzas estadounidenses no contaban con instrumento similar y tuvieron que, literalmente, imaginarlo cómo sería para intentar descifrar los mensajes.

La máquina americana fue llamada “Purpura” y los mensajes desencriptados fueron llamados “Magia”. Solo diez personas sabían de su existencia y una de ellas era el propio presidente Roosevelt, fue un secreto guardado más celosamente que el de la bomba atómica.  

Tanto Purpura como Enigma eran máquinas de cifrado. Un cifrado no es lo mismo que un código. Y romper código o un cifrado no significa que uno puede leer lo que dice, sólo que se sabe cómo se construyó el código. Los estadounidenses rompieron la cifra japonesa a principios de 1939, pero no obtuvieron traducciones hasta el otoño de 1941.

En un código simple, una letra, un grupo de letras, números u otros símbolos se sustituyen por otra cosa. Por ejemplo, el nombre de un barco, podría aparecer en un código con determinado valor y si ese valor se repetía entonces se podía deducir de qué se estaba hablando. El problema se presentaba, sin embargo, cuando por seguridad las fuerzas japonesas cambiaban la clave (algo que se daba con cierta regularidad).

Aun así, las fuerzas americanas lograron adivinar algunas claves diplomáticas. Sin embargo, la desventaja fatal fue que los Estados Unidos sólo podían leer algunas de los mensajes diplomáticos y ninguna de las comunicaciones militares. El ejército japonés tenía su propio sistema de cifrado, que no se rompió hasta bien entrado la guerra.

Otro problema con el que tuvieron que lidiar los estadounidenses fue que el centro de cifrado estaba en territorio continental y entregar mensajes de tanta importancia en tiempos en los que no había internet demoraba.

Para finales de noviembre la Marina Norteamericana ya sabía que un grupo relativamente grande de fuerzas navales japonesas no estaban en sus bases al norte: dos acorazados, tres cruceros, nueve destructores, tres submarinos, Seis portaaviones transportando 353 aviones, incluyendo bombarderos, aviones torpederos y combatientes para proteger a los escuadrones.

El 27 de noviembre el Departamento de Guerra envió un mensaje a los comandos del Pacífico que decía: "Este despacho debe considerarse una advertencia de guerra". Washington entonces asumió que las precauciones apropiadas serían tomadas a través del Pacífico. Pero como tenía más sentido para los japoneses atacar el suroeste del Pacífico donde fuerzas aliadas tenían colonias (Filipinas, de EEUU, Singapur del Reino Unido, Indonesia de los Paises Bajos e Indochina de Francia), no se tomaron las medidas para proteger Hawái.

Nadie ordenó patrullas aéreas sobre el mar que rodea Hawái, ni siquiera al norte, donde era más probable un ataque. Nadie ordenó a la flota estadounidense que saliera de la trampa que era Pearl Harbor, a excepción de algunos transportistas estadounidenses que habían navegado hacia el oeste más temprano. Eran blancos fáciles para los aviones japoneses.

Para el 6 de diciembre llegaron reportes a Washington de que Tokio ordenaba a sus embajadas quemar documentación y destruir dos máquinas de codificado. Las claves de comunicación por radio, generalmente modificadas una vez al mes, se alteraron repentinamente fuera de secuencia y la cantidad de comunicaciones explotó.

Al día siguiente, enormes escuadrones aparecieron en el radar del ejército en Oahu pero los operadores fueron informados por sus oficiales de que "no se preocuparan", diciendo que probablemente eran bombarderos estadounidenses siendo trasladados a la isla. Se les dijo a los operadores que se fueran a casa. Hoy sabemos el desenlace de ese último error.

 

FUENTE: INSIDE SCIENCE


#alan turing #segunda guerra mundial #pearl harbor
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