¿Por qué no todo el mundo se vuelve adicto a las drogas? La verdad detrás del consumo

Sociología y Antropología

Por Sophimania Redacción
13 de Enero de 2015 a las 10:44
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¿Por qué no todo el mundo se vuelve adicto a las drogas? La verdad detrás del consumo

El consumo de drogas es común, la adicción a las drogas es rara. Alrededor de uno de cada tres adultos utilizará una droga ilegal en su vida y la mayoría no sufrirá ningún daño a largo plazo.

 

Hay riesgos inmediatos de sobredosis e intoxicación y riesgos para la salud a largo plazo asociados con el uso intenso o prolongado de una sustancia psicoactiva; daño a los pulmones por fumar cannabis o afecciones a la vejiga por usar ketamina, por ejemplo. Sin embargo la mayoría de la gente, pasa sin mayores riesgos a través de un corto período de experimentación o aprenden a adaptar su uso de drogas a su estilo de vida, ajustando los patrones de uso a sus circunstancias sociales y domésticas, como lo hacen con el alcohol.

 

Una poderosa narrativa cultural centrada en el poder de las drogas ilegales para interrumpir una vida feliz que de otra manera sería estable domina nuestros medios de comunicación y el discurso político. El consumo de drogas se considera una "espiral fuera de control", que destruye la capacidad de una persona para ganarse la vida o cuidar a sus hijos.

 

 

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Foto: CNN

 

 

La mayoría de los consumidores de drogas son:

 

En realidad, la probabilidad de que los individuos sin vulnerabilidades preexistentes sucumban a la adicción a largo plazo es escasa. La adicción, a diferencia del uso, se concentra fuertemente en las comunidades más pobres. En comparación con el resto de la población, los adictos a la heroína y de crack son: de sexo masculino, de clase trabajadora, delincuentes, tienen registros educativos pobres, poco o ningún historial de empleo, vulnerabilidad a la enfermedad mental, y cada vez más son  personas mayores de 40 años con deterioro de la salud física.

 

Por otro lado, el consumo problemático de cannabis está menos concentradp entre los pobres, pero está estrechamente relacionado con indicadores de estrés social y una vulnerabilidad a desarrollar problemas de salud mental.

 

La mayoría de los consumidores de drogas son personas con recursos inteligentes y con buenas habilidades para desarrollar su vida normal, como redes de apoyo y familias amorosas. Estos activos les permiten gestionar los riesgos asociados a su consumo de drogas, evitando las drogas más peligrosas y la gestión de su frecuencia y magnitud de uso para reducir los daños y maximizar el placer.

 

En contraste, las personas más vulnerables en nuestras comunidades más pobres carecen de habilidades para la vida y tienen redes que afianzan sus problemas en lugar de ofrecer soluciones. Su toma de decisiones tiende a priorizar beneficios inmediatos en lugar de consecuencias a largo plazo.

 

 

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Foto: PRIMERAEDICIONWEB

 

  

Los verdaderos culpables

 

Estos factores hacen que sea más probable que, en lugar de calibrar cuidadosamente su consumo de drogas para minimizar el riesgo, usen las drogas de la manera más peligrosa posible; y una vez adicta, la persona no tiene la motivación para recuperarse y la probabilidad de éxito se ve debilitada por la falta de apoyo familiar, las malas perspectivas de empleo, vivienda insegura y el aislamiento social.

 

En definitiva lo que determina el pronóstico una vez que se tiene una adicción, tiene menos que ver con el poder de la droga y más que ver con las circunstancias sociales, personales y económicas del usuario. Por desgracia, la fuerte relación entre la angustia social y la adicción es ignorada por los políticos y los comentaristas de los medios a favor de la hipótesis de que la adicción es un riesgo aleatorio impulsado por el poder de la droga.

 

La experiencia atípica del relativamente pequeño número de usuarios de drogas procedentes de entornos estables que tropiezan con la adicción, nos da la ilusión de que el poder de la droga determina el desenlace en adicción.

 

Ver la adicción a través del lente deformante de la minoría hace que los responsables políticos no entiendan el flujo de la causalidad y los empuja hacia las intervenciones centradas en el cambio de la conducta individual de consumo de drogas, lejos de hacer frente a la desigualdad estructural en el que las vulnerabilidades a la adicción pueden florecer.

 

Mientras no entendamos la adicción a las drogas desde las causas sociales como raíz, estamos condenados a desviar nuestra energía y recursos a culpar a los marginados y los vulnerables por su situación en lugar de asegurar estructuras  económicas y sociales que den acceso a las fuentes de resiliencia que protegen el resto de nosotros.

 

 

FUENTE: IFL Science


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