¿Por qué no usamos ciertas profesiones en femenino y qué podemos hacer para lograrlo?

Sociología y Antropología

Por Victor Roman
8 de Marzo de 2017 a las 18:03
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¿Por qué no usamos ciertas profesiones en femenino y qué podemos hacer para lograrlo?
Liliana Zarate, la primera peruana pilota de caza. Foto: Internet

Para aquellos que se han dedicado al estudio de los idiomas, no es ninguna sorpresa saber que las lenguas son un reflejo de la población que las usa. Por eso, el castellano tiene un tinte machista. Ejemplos de este fenómeno hay muchos, los nombres electrodomésticos del hogar son casi siempre en femenino: la refrigeradora, la lavadora, la cocina, etc…

La expresión de este sexismo no solo se ha hecho evidente en los objetos sino también en las profesiones. Como señala la filóloga Judith González Ferrán en un artículo publicado en el sitio web del Fundéu, el uso de palabras como “pilota” o “médica” no se ha extendido a pesar de ser gramaticalmente correctas; y de existir precedentes como “maestra” o “jueza”.

González Ferrán, cree, con razón, que esto se debe más a “consideración sociales que lingüísticas” y propone solucionarlo desde las instituciones. “… desde la Fundación del Español Urgente trabajamos por ofrecer una forma en femenino, una alternativa válida para quien la quiera”, dice la filóloga.

Sin embargo, las lenguas se comportan y evolucionan como organismos vivos, de abajo hacia arriba, desde el uso que le dan los hablantes, no desde la imposición de las instituciones reguladoras. El mejor ejemplo de esto es la inclusión en la DRAE de neologismos como “wasapear”, en referencia a la acción de enviar un mensaje vía la plataforma de mensajería virtual Whatsapp y que como se está viendo hasta la fecha, no se ha extendido entre los hispanohablantes.

Las razones para que un determinado grupo no adopte un nuevo léxico o una nueva norma son variadas y sujetas a un extenso debate. Pero el hecho es ese, si un conjunto de personas no quiere usar un determinado vocablo, no hay regla que valga.

Dicho esto, se debe aclarar que aunque la intención de los entes normativos es loable, esta es insuficiente. ¿Entonces, qué se puede hacer? La respuesta más intuitiva es la de incentivar nosotros mismos, los usuarios, un uso más inclusivo del lenguaje. Tanto en su forma hablada y cuando sea posible, su forma escrita.

No es seguro que la sociedad termine adaptándose y opte por decir, por poner un ejemplo, la palabra “médica” o "pilota"; pero si intentamos ser más inclusivos con el lenguaje como herramienta, estamos, al menos, aumentando las chances de que ese cambio ocurra y no se quede simplemente en letra muerta.     

 


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