¿Qué determina que una persona se vuelva adicta a las drogas?

Sociología y Antropología

Por Sophimania Redacción
13 de Enero de 2017 a las 12:43
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¿Qué determina que una persona se vuelva adicta a las drogas?
Foto: Internet

El uso de drogas es común, la adicción a las drogas es rara. La narrativa social actual se centra en el poder de las drogas ilegales para interrumpir vidas estables y felices, y este discurso domina los medios y la política. Sin embargo, la acción de las drogas ilegales muchas veces no se diferencia del uso de drogas legales (como fármacos) y su acción en nuestro cerebro.

La probabilidad de que las personas sin vulnerabilidades preexistentes sucumban a la adicción a largo plazo es escasa. Los adictos a la heroína y al crack suelen tener condiciones que ayudan a la instauración de una adicción.

La adicción, a diferencia del uso, es más prevalente en comunidades más pobres.  En comparación con el resto de la población, los adictos a la heroína y el crack son en su mayoría: varones, trabajadores, infractores, con escasos antecedentes educativos, poca o ninguna historia de empleo, vulnerabilidad a la enfermedad mental y cada vez se da más en mayores de 40 con pobre salud física.

En cambio, la mayoría de usuarios de drogas son personas ingeniosas inteligentes con buenas habilidades para la vida, redes de apoyo y familias amorosas. Estos activos les permiten gestionar los riesgos asociados con su consumo de drogas, evitando las drogas más peligrosas y controlando su frecuencia y escala de uso para reducir el daño y maximizar el placer. Es importante que tengan acceso al apoyo de la familia y los amigos en caso de que comiencen a desarrollar problemas, y una perspectiva realista de un trabajo, una casa y una participación en la sociedad para centrarse y sostener su motivación.

En contraste, las personas más vulnerables en nuestras comunidades más pobres carecen de recursos para evitar el desarrollo de problemas y más bien el consumo comienza como una forma de huir de las dificultades asociadas a las condiciones de su vida. En conjunto, estos factores hacen más probable que, en lugar de calibrar cuidadosamente el uso de drogas para minimizar el riesgo, usen drogas más peligrosas y más adictivas. Y una vez adicto, la motivación para recuperarse y la probabilidad de éxito se debilita por la ausencia de apoyo familiar, las malas perspectivas de empleo, la inseguridad en la vivienda y el aislamiento social.

En resumen, lo que determina si el consumo de drogas se convierte o no en adicción, y el pronóstico una vez que tiene, tiene menos que ver con el poder de la droga y más con las circunstancias sociales, personales y económicas del usuario. Es decir, el contexto sociocultural.

Tampoco tiene mucho que ver con la genética. Desafortunadamente, la fuerte relación entre la angustia social y la adicción es ignorada por los políticos y periodistas, en favor de una suposición de que la adicción es un riesgo aleatorio impulsado por el poder de la droga. Se suele pensar que la delincuencia y la salud mental frágil preceden al consumo de drogas en lugar de ser causadas por ella.

Ver la adicción a través de la lente distorsionadora de la minoría hace que los responsables políticos malinterpreten el flujo de la causalidad y organicen intervenciones centradas en cambiar el comportamiento individual y no abordan la desigualdad estructural que permite el desarrollo de las vulnerabilidades a la adicción.

 

FUENTE: Paul Hayes para The Conversation


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