Los riesgos de confiar en la “privacidad tecnológica”

Apps y Software

Por Sophimania Redacción
28 de Octubre de 2014 a las 16:31
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Los riesgos de confiar en la “privacidad tecnológica”

 

Los adolescentes prefieren optar por aplicaciones tecnológicas para socializar de manera más privada, un claro ejemplo es la perdida de usuarios conectados a Facebook,  debido a que tiene demasiada publicidad además de que sus padres o familiares pueden, hay nada menos apetecible que tener a tu progenitor encima cuando eres pequeño. Pero la seguridad es ficticia.

Para aquellos que quieren compartir fotos de manera controlada, Snapchat es una aplicación rápida y sencilla. Permite controlar el tiempo de exposición en el dispositivo del receptor, y si el receptor realiza una captura de la imagen, el sistema envía un aviso al emisor. El riesgo entra con la caducidad propia del Snapchat puede fomentar el sexting, el bullying y el ciberbullying.

El intercambio de imágenes sexuales a través de mensajes, el acoso escolar y el acoso escolar a través de la red se puede perpetuar fácilmente. Solo se necesitan 10 segundos de margen de tiempo para hacer una captura de la imagen o incluso una foto del celular con otro teléfono.

'Los padres no son conscientes de los daños potenciales porque desconocen el uso de esta aplicación', dijo el psicólogo Marc Masip, director del Instituto Psicológico [email protected].

Masip es el ideólogo de FaceUp, una aplicación que permite conocer “el nivel de dependencia del Smartphone” y ponerse a “dieta digital”, si fuera necesario. Respecto a Snapchat, es tajante: lo considera una “estupidez”.

“No aporta nada a la sociedad y menos al adolescente, fomenta el sexting y el ciberbullying y puede generar trastornos: pensamientos suicidas, fobia social, miedo a ir a clase, tendencia a quedarse encerrado en casa, no querer conocer gente e incluso hacerse daño a uno mismo”, enumera este terapeuta experto en adolescentes con problemas ocasionados por el uso masivo de las tecnologías.

El riesgo de compartir imágenes

Samuel Fernández, psicólogo especialista en adolescencia y problemas relacionados con la tecnología del gabinete Cinteco, en Madrid, cree que “los jóvenes no detectan el peligro porque no perciben el riesgo potencial que hay en enviar o publicar imágenes y datos personales a terceros o en las redes sociales”.

“Carecen de experiencia vital y de perspectiva futura y eso hace que minusvaloren el riesgo; ni se plantean por un segundo que las imágenes puedan pasar del ámbito privado al público y, en una fase evolutiva como es la adolescencia, priman otros factores, como la pertenencia al grupo, la necesidad de autoafirmación y la definición sexual”, menciona Fernández.

La razón del éxito de Snapchat entre los más jóvenes es la caducidad de las imágenes, pero también que los padres desconocen absolutamente todo sobre esta aplicación creada el 2011.

Masip propone que la Administración elabore una asignatura sobre el manejo de las nuevas tecnologías y que el uso del celular se generalice a partir de los 16 años, porque tenerlo antes tiene desventajas: falta de sueño, estados de ánimo ligados a tener o no tener el móvil consigo y nerviosismo. En el futuro, cuando los adolescentes de ahora tengan 25 o 40 años, “estarán demasiado acostumbrados a comunicarse a través de pantallas, y poco a hacerlo cara a cara, no tendrán habilidades sociales y serán cobardes en la vida social real”, vaticina.

Degeneración del lenguaje

La psicóloga logopeda Paloma Tejada afirma que “a veces comprueban en las aulas menor riqueza en la expresión oral y escrita” porque desarrollan un hábito de economía de lenguaje con el uso incesante de aplicaciones como WhatsApp.

Para la profesora de Técnicas de Expresión de la Universidad Carlos III Sara. R. Gallardo, “es imposible saber las consecuencias a largo plazo”. “Pero, a corto plazo, los estudiantes tienen diferentes registros. Ellos saben, o hay que enseñarles, que no se habla igual con tus padres, que con tus amigos, que en las diferentes etapas de la vida”.

Otro problema es la brecha digital generacional. Cuenta Fernández que “los padres no son conscientes de los daños potenciales porque desconocen el funcionamiento de aplicaciones como Snapchat”. “Es necesario que los padres se familiaricen con la tecnología”, advierte. Los síntomas de que algo está sucediendo son bastante evidentes: “cambios negativos en el rendimiento escolar, aislamiento familiar y social, cambios en el estado de ánimo, quejas o somatizaciones antes de acudir al instituto...”.

Ambos psicólogos utilizan terapias cognitivo-conductuales. En el caso de Masip, su Programa [email protected] considera imprescindible que los padres se involucren al 100%”. “Los padres llegan a tener un 70% de responsabilidad en la mejoría de los adolescentes. Los métodos son novedosos, porque también lo es esta enfermedad”.

A través de paseos, juegos, deberes y conversaciones en el despacho, Masip trata a jóvenes con falta de autoestima, con carencias de afecto, con problemas entre sus iguales, con fobias, trastornos y falta de seguridad provocadas por el uso masivo de las nuevas tecnologías. Busca en ellos “un cambio de chip”, una metáfora digital para describir el regreso a una vida un poco más analógica, y las posibilidades de éxito son elevadas.

Falsa sensación de privacidad

Para Mainata, el mayor riesgo es la ficticia “sensación de privacidad, ya que aplicaciones como Snapchat dicen cambiar las reglas del juego cuando, en realidad, el juego sigue igual“.

“Lo que envías por internet pasa de estar bajo tu control a estar bajo el control de otros y las relaciones entre personas no son algo estable… el que hoy dice ser tu amigo bien puede ser mañana quien te fastidie la vida. Contra el mal uso de diversas aplicaciones sólo se puede luchar desde la información. Hay que formar a padres, maestros y otros agentes sociales sobre el uso de las nuevas tecnologías para que éstos puedan transmitir los conocimientos a los menores”, afirma Mainata.

En mayo, las autoridades norteamericanas acusaron a Snapchat de engañar a los usuarios en lo que respecta a la efímera naturaleza de sus mensajes. La Comisión Federal de Comercio de EEUU llegó a mencionar la palabra «engaño» en relación a «la cantidad de datos personales que recoge, las medidas de seguridad

En definitiva “si es digital, es hackeable”, sostiene el especialista en ciberseguridad John Sileo, para quien, en la actualidad, “los compañeros de clase tienen información sobre el resto que antes jamás hubiera podido tener”.

Fuente: elmundo


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