Sobre Castañeda, los murales y Lima: "La ciudad es un síntoma"

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Por Julio Del Valle Ballón
31 de Marzo de 2015 a las 11:13
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Sobre Castañeda, los murales y Lima: "La ciudad es un síntoma"

La primera idea es que estamos ante un proyecto conservador con pretensiones hegemónicas y con muy escaso afán conciliador. La acción de tapar con pintura, de madrugada, a brocha gorda, lo que demandó días de esfuerzo conjunto, de convocatorias y de acción colectiva, revela mucho más que una acción aislada y espontánea. Es uno de los síntomas de una acción mayor y que va emparejada, por el momento, con la anulación del proyecto “Río Verde” y el acuerdo alcanzado para que la nueva edición de Mistura se realice en el Parque de la Exposición.

Veamos con mayor detalle la idea: la anterior administración puede haber pecado de varias cosas, pero tenía una política cultural vinculada con la acción ciudadana, con el compromiso de la gente con la ciudad en la que vive y una de sus aristas de trabajo era la expresión cultural urbana y popular. Puede que no guste a todos, pero había una política cultural con pretensiones democráticas. Yo simpatizo con ello, honestamente, y defiendo una cultura viva, dinámica. Apropiarse de la ciudad, hacerla suya, nuestra, interactuar con ella y con la gente, con la diversidad de gente que vive en ella, es más que una idea sugerente; es una acción política y urbana vital para una ciudad con muchos rostros y con cerca de diez millones de habitantes.

La actual administración municipal decide, sin embargo, de un momento a otro, tapar con pintura los murales, defender la acción aduciendo que eran expresión subversiva y obras de mal gusto, además de realizar la acción entre gallos y medianoche. No conozco aún una política cultural de la actual administración, pero las acciones y razones revelan tendencias bastante preocupantes. Tales tendencias adquieren tonos mucho más amenazantes si enfocamos unos minutos la atención en la cancelación del proyecto “Río Verde” para empezar la construcción de varios intercambios viales en las vías de acceso al Centro de Lima. Acción inconsulta y sin estudios de impacto. Cemento y concesiones de mega ingeniería en lugar de la recuperación de espacios de convivencia y bien común. Esa es la tendencia inequívoca, consolidada ahora por el nulo respeto al Museo de Arte de Lima (MALI) por parte de la alianza entre Apega y la Municipalidad de Lima. No importa que el Museo tenga ya prevista la reinauguración de la segunda planta para las fechas en que se realizará Mistura ni, muchos menos, que el Parque esté cerrado durante cuarenta días para facilitar la realización del enorme evento gastronómico.

¿Quién puede estar en contra de la celebración de la culinaria peruana, del arribo de miles y miles de personas, del disfrute de nuestros paltos preferidos, de los ingresos que todo ello genera para mucha gente honesta y trabajadora?  Pero no a costa de un esfuerzo silencioso, pero tenaz de una administración que trabaja muy eficientemente por llevar el arte, en todas sus expresiones, a la población; tampoco a costa de una política de diálogo y consulta, de consideración a actores importantes de la vida diaria en una ciudad que requiere a viva voz de respeto y cariño.

 

murales castaeda sophimania

Foto: Internet.

 

Estamos, ciertamente, ante un proyecto con oídos muy poco dispuestos al diálogo, con actitudes marcadamente conservadoras en sus gustos y tendencias, con pretensiones hegemónicas amparadas, qué duda cabe, en el respaldo mayoritario del público, que utiliza y promueve obras de alto impacto inmediato ante carencias y gustos evidentes y necesarios de la población, pero con un afán abierto, sin fisuras, de acallar en el presente y sostener en el tiempo una política de acallamiento y silencio de manifestaciones tanto políticas, como culturales y sociales de diversidad y respeto por la diferencia. Una política mediocre en términos culturales y de escasa preocupación por acciones concretas de bien común. Es cierto que la ciudad necesita de infraestructura, pero es evidentemente cierto que la ciudad debe pensarse también como espacio de interacción ciudadana.

¿Por qué digo que estamos ante una política mediocre en términos culturales? Aquí va la segunda idea. La discusión ha sido más adjetiva que sustantiva en los últimos días y prefiero justificar lo que digo. Es mediocre, pues no revela mayor reflexión y consideración en sus razones y pretensiones. No solo se han desarmado los equipos de gestión cultural, sino que en las acciones que ha emprendido ha dado cuenta de improvisación y de poco sustento discursivo. Ante la crítica por tapar los murales, la autoridad municipal dio muestras de reflejos y buscó auspiciar la feria de arte ArtLima. El empeño fue manco, el retiro de artistas emblemáticos e influyentes paró en seco la maniobra. Los buenos reflejos revelan capacidad de reacción, mas no propuestas. Los artistas fueron consecuentes: no pueden entrar en el mismo vehículo que una gestión municipal que no revela respeto por la acción cultural; algo que también debería entender la Ministra de Cultura.

Busquemos ser de ayuda para ambos: para la Municipalidad de Lima Metropolitana y para la Ministra de Cultura. Dos breves apuntes: el primero es que hace ya mucho tiempo que la cuestión del gusto ha dejado de ser el resorte central para la valoración artística; el segundo, que hace ya mucho tiempo que el arte dejó de estar solamente en los museos. La autenticidad, la honestidad, la provocación, la pura y soberbia originalidad creativa desplazaron al gusto como criterio de creación y valoración artística desde claramente principios del siglo XX. Dense una vuelta por el expresionismo de principios del siglo anterior, por la vanguardia en todas sus formas. No tienen que ir lejos, a Madrid, para mirar el Guernica de Picasso en el Reina Sofía; basta solamente con mirar el arte nacional, si quieren; a Humareda, ya fallecido; a Tola, vivito y coleando. Dense un par de vueltas por la realidad del arte actual y dejarán de hablar de gustos y colores. Para entender el arte actual hay que ampliar la mirada sin vacilaciones. La señora Ministra lo debe entender y lo debe respetar.

Debe entender que no puede dejar de respaldar el arte urbano, pues es un error creer que el arte siempre ha estado en un museo y ha sido siempre auspiciado por el poder. La vida es mucho más dinámica y el arte es parte de la vida humana. Puede no gustar; puede, incluso, ser ofensivo, pero ninguna ciudad del mundo, prácticamente, ninguna ciudad donde haya reflexión y cuidado por el entorno, le da la espalda al arte urbano. El Alcalde está viajando recientemente; que no se olvide de mirar: el arte ha salido a las calles, claramente, desde hace mucho tiempo; desde la mitad del siglo pasado. Salió marginalmente, pero salió para quedarse, afortunadamente. Happenings, performances, murales, música en las plazas; todo ello entra en el mismo concepto. ¿Los tenemos en Lima? ¿Tenemos el espacio para auspiciarlos, una política que los articule, fomente, proteja? ¿Tenemos algo de eso, señor Alcalde? No; ahora hay muy poco y usted ha empezado muy mal. Acepte su error y demuestre que está a la altura de una ciudad que no solo necesita eficiencia, sino también cuidado y creatividad.

* Julio Del Valle Ballón es poeta, filósofo y catedrático en la PUCP de Filosofía del Arte y Filosofía Antigua.


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